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Avenida Baquedano de Valparaíso: una subida donde la memoria porteña sigue viajando en micro

Fundamental para conectar los cerros Mariposa, Monjas y Florida, la avenida Baquedano vive en la memoria de muchos habitantes de Valparaíso

Hay calles de Valparaíso que sirven para llegar de un punto a otro y hay otras que, además, funcionan como depósitos de memoria. Avenida Baquedano pertenece a estas últimas.

Avenida Baquedano

Basta publicar una fotografía antigua o contemporánea de esta vía en las redes sociales de Apuntes y Viajes para que comiencen a aparecer las historias: quienes todavía pasan por allí todos los días, quienes recuerdan las antiguas micros, quienes fueron estudiantes del Liceo Eduardo de la Barra y quienes simplemente reconocen la avenida después de muchos años lejos del puerto.

Los comentarios de nuestros seguidores terminaron convirtiendo una sencilla pregunta —“¿recuerdas el nombre de esta avenida?”— en una pequeña reconstrucción colectiva de este rincón de Valparaíso.

De avenida Francia hacia los cerros

Baquedano es una de esas vías que ayudan a comprender la particular geografía porteña. Su trazado conecta avenida Francia con avenida Alemania, avanzando desde las inmediaciones del plan hacia los cerros y convirtiéndose históricamente en una vía relevante para sectores como Monjas, Mariposa y Florida. El propio Plan Regulador de Valparaíso reconoce el tramo de Baquedano entre Francia y avenida Alemania. 

No se trata de una función reciente.

Una publicación de La Nación del 12 de septiembre de 1929 permite retroceder casi un siglo. En ella se anunciaba la construcción de avenida Baquedano desde avenida Francia hacia el entonces llamado Camino Cintura, con continuación hacia el cerro Florida. El proyecto contemplaba aproximadamente 1.400 metros y buscaba atender directamente a los cerros Monjas, Mariposa y Florida. 

Es un antecedente especialmente interesante porque demuestra que Baquedano nació precisamente como respuesta a uno de los problemas permanentes de Valparaíso: cómo conectar el plan con una ciudad que crece verticalmente sobre sus quebradas y cerros.

“Cuando estudiaba en el Eduardo de la Barra…”

La historia oficial entrega fechas y proyectos. Los seguidores, en cambio, aportan aquello que difícilmente aparece en los documentos.

Uno de los comentarios que recibimos fue el de Juan Hernán González Castillo, quien reconoció inmediatamente la avenida y abrió una ventana hacia el Valparaíso de hace más de medio siglo:

“Baquedano….. Cuando estudiaba en el Eduardo de la Barra, en clases de educación física, teníamos que salir a correr por ahí.., años 70.”

La referencia tiene pleno sentido dentro de la geografía del sector. El histórico Liceo Eduardo de la Barra se encuentra en avenida Colón 2184 y su propio establecimiento identifica tres edificios principales: Colón, Baquedano y Francia. 

Así, para generaciones de estudiantes, Baquedano no fue solamente una avenida que miraban desde una micro. También fue parte de sus recorridos escolares, caminatas y, como demuestra este recuerdo, hasta de las clases de Educación Física.

Son historias aparentemente pequeñas, pero precisamente esas experiencias construyen la memoria cotidiana de una ciudad.

La 612 y el recuerdo de la antigua “O”

Otro comentario nos llevó directamente a la historia del transporte público porteño.

Una seguidora escribió:

“Calle Baquedano 😍😍😍😍, paso todos los días por ahí en la micro 612 antiguamente la O”.

La memoria es precisa. El Parque Cultural de Valparaíso todavía identifica oficialmente a la línea 612 por su antiguo apelativo, la letra “O”, y describe un recorrido que, viniendo desde avenida Argentina y Colón, continúa por avenida Francia, Baquedano y posteriormente avenida Alemania. 

Para quienes crecieron en Valparaíso, hablar de una calle inevitablemente termina significando hablar de micros.

La O, la 612, los antiguos recorridos y sus cambios de numeración forman parte de una especie de mapa sentimental del puerto. Muchas veces los porteños no explican dónde queda un lugar mencionando únicamente las calles: recuerdan también qué micro pasaba por allí.

Y en Baquedano esa relación continúa viva.

Una avenida pensada para conectar

La importancia de esta vía quedó nuevamente en evidencia después del gran incendio de Valparaíso de 2014.

Dentro de las iniciativas de reconstrucción urbana se impulsó un proyecto de conservación de avenida Baquedano. SERVIU explicó entonces que la intervención buscaba recuperar una arteria fundamental para proporcionar una conexión segura y expedita entre el plan y los cerros. 

Las obras abarcaron aproximadamente 1,5 kilómetros e incluyeron renovación de pavimentos y aceras, iluminación, trabajos de contención, mantención de sumideros de aguas lluvias, arborización, señalización y demarcaciones. 

Casi nueve décadas separaban aquellas obras del proyecto anunciado en 1929, pero la necesidad seguía siendo prácticamente la misma: mantener conectado el Valparaíso de abajo con el Valparaíso de arriba.

Baquedano también es una puerta al cerro Mariposa

Para quienes recorren Valparaíso caminando, avenida Baquedano puede ser además el comienzo de una ruta distinta a los circuitos turísticos más tradicionales.

Desde aquí se ingresa hacia el cerro Mariposa, un Valparaíso predominantemente residencial en el que todavía sobreviven casas antiguas, pequeños comercios, escaleras y pasajes. En una ruta que realizamos anteriormente en Apuntes y Viajes, utilizamos precisamente Baquedano como punto de partida para internarnos hacia el antiguo Ascensor Mariposa y continuar posteriormente hacia el pasaje Salamanca. 

Es una manera diferente de descubrir la ciudad.

No es el Valparaíso de los grandes miradores ni necesariamente el que aparece primero en las guías turísticas. Es el de las personas que suben con las compras, esperan la micro, conversan en una esquina o caminan diariamente entre el plan y el cerro.

Una calle que se reconoce incluso décadas después

Tal vez lo más interesante de revisar las respuestas de nuestros seguidores fue comprobar la rapidez con que muchos identificaron la fotografía.

BAQUEDANO”, escribió simplemente Jaime O. Herrera.

Otros relacionaron inmediatamente el lugar con avenida Alemania o con sus recorridos habituales.

No hizo falta entregar demasiadas pistas.

Y eso dice bastante sobre la relación entre los porteños y su territorio. Valparaíso posee una geografía tan particular que una pendiente, una curva, una quebrada, una escalera o la forma en que las casas se acomodan sobre un cerro pueden ser suficientes para reconocer un lugar.

Avenida Baquedano es uno de esos espacios.

La ciudad que también se escribe en los comentarios

Las fotografías antiguas tienen un valor evidente, pero las conversaciones que generan pueden ser igualmente importantes.

Un documento de 1929 puede decirnos por qué se construyó Baquedano. Un organismo público puede explicar cuánto mide una intervención urbana o qué trabajos se realizaron. Pero difícilmente esos documentos nos contarán que en los años 70 los estudiantes salían desde el Eduardo de la Barra a correr por esta avenida o que una pasajera continúa recorriéndola en la 612 mientras recuerda que antiguamente todos la conocían simplemente como la O.

Para recuperar esa parte de la historia necesitamos a quienes habitaron la ciudad.

Por eso, cada vez que desde Apuntes y Viajes preguntamos “¿reconoces este lugar?”, la respuesta termina siendo mucho más interesante que el nombre de una calle.

Aparecen colegios, negocios desaparecidos, recorridos de micros, vecinos, juegos infantiles, caminatas, antiguas casas y recuerdos familiares. Entre todos esos testimonios se va construyendo otra historia de Valparaíso: menos institucional, quizás, pero profundamente humana.

Y avenida Baquedano demuestra que una calle puede ser al mismo tiempo una vía de conexión, un pedazo de la historia urbana y un enorme álbum de recuerdos porteños.

Porque probablemente muchos han pasado por Baquedano.

Pero cada porteño parece guardar su propia avenida Baquedano.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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