Los viajes tienen algo de caprichoso e impulsivo. Hace medio año Virginia me envió una caja de chocolates con una tarjeta en que se podía leer: “Llévame a París amore”. No habían pasado ni 6 meses de nuestro último viaje por Europa… y ya quería regresar.
Mi relación con París

Y sí, luego de recorrer Italia durante dos semanas y finalizar con una semana en París, nos habíamos quedado con gusto a poco. A medida que pasa el tiempo y nos volvemos más viejos, ya no basta con el check list de lugares típicos. En lo personal me gusta tratar de comprender las dinámicas de los lugares que visito. Y París era una ciudad que me voló la cabeza.

La primera vez que estuve aquí el 2011 pasó por encima mío con sus museos, calles elegantes y personas a la moda. La segunda vez la disfruté más, me volví a perder en el Louvre, sin embargo me di el tiempo de sólo salir a caminar de noche junto al Sena o de madrugada por Montmartre. Pero no fue suficiente.
Por eso cuando leí ese mensaje junto a los chocolates, revisé mis finanzas (justo sumé un par de clientes nuevos) y compré los pasajes para nuestra próxima aventura.
De regreso a la Ciudad de la Luz
Luego de 14 horas de vuelo y una escala en Londres, París nos recibía con una suave lluvia. Desde el aeropuerto tomamos el tren para hacer una combinación con la línea 7 del metro y bajarnos en Pyramides.
La ciudad nos dio la bienvenida con sus edificios antiguos e impecables, la lluvia le daba un aire romántico. Al final de la avenida se alcanzaba a apreciar la silueta de la Ópera Garnier tapada por un anuncio publicitario y, en el otro extremo de la avenida, se alcanzaban a distinguir la silueta del Louvre.
A media cuadra de la avenida de la Ópera nos esperaba un agradable departamento con vista a la calle y los departamentos del frente. Acomodé el sofá, saqué mi libro de Hemingway y me acomodé junto a la ventana para leer una de sus crónicas mientras anochecía en la ciudad, las gotas de la lluvia eran iluminadas por los postes de luz y los vecinos encendían las luces de sus departamentos. Estábamos en París otra vez y éramos felices.










