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Museo Ferroviario de Santiago: Imperdible para los amantes de los trenes

En el hermoso Museo Ferroviario de Santiago se resguarda la segunda mayor colección de locomotoras de Latinoamérica.

Todos tenemos un tío, un abuelo, un tío-abuelo… un alguien por ahí, más o menos cercano, que ha sido o fue ferroviario. Y a mucha honra. Porque en este país tan soberanamente largo, los trenes jugaron un rol muy importante hasta más o menos la década de 1970, para unir los 3 mil y tantos kilómetros de este Chile continental. Estas tremendas máquinas de acero, carbón y humo/vapor, fueron las que dieron vida y dinamismo al pujante Chile de principios del siglo XX. Unos de carga, otros de pasajeros, algunos importados y otros de manufactura nacional… como sea, llegaron a ser el verdadero motor del crecimiento, progreso y desarrollo del país.

Hoy, no son más que un recuerdo. La expansión y mejoramiento de las carreteras, la elección de otros medios más rápidos, además del considerable factor contaminación, hicieron que paulatinamente los rieles quedaran abandonados como mudos testigos de cientos de miles de historias que sucedieron en aquellos vagones que movieron de norte a sur a nuestros antepasados. Atrás quedaron los traca-traca de las locomotoras y el trabajo de muchísimos chilenos que sacaron adelante a sus familias gracias a los caballitos de metal.

Museo Ferroviario de Santiago

Este patrimonio vivo se encuentra en una bonita muestra permanente en el parque Quinta Normal, en la capital del Reyno, donde varias de estas locomotoras yacen encalladas y reciben a diario la visita de cientos de personas que llegan este hermoso parque urbano ubicado en la comuna de Santiago. En efecto, el Museo Ferroviario de Santiago, inaugurado el 19 de diciembre de 1984, resguarda la segunda mayor colección de locomotoras de Latinoamérica, 16 de ellas pertenecientes a EFE. Civiles, militares, de carga o de pasajeros, todos los carros conservan en sus añosas estructuras cientos de historias (contadas y no), recopiladas a lo largo de miles de kilómetros recorridos en sus años de esplendor. 

Los trenes en exposición en este espacio administrado por la Corporación Privada para la Divulgación de la Ciencia y Tecnología, fueron cuidadosamente seleccionados por su valor histórico o por sus características técnicas, a partir de una incipiente colección que los trabajadores de la desaparecida Maestranza Central de San Bernardo habían conservado en sus instalaciones.

Máquinas con historia

La máquina más antigua del museo, es la matrícula 205 de Ferrocarriles del Estado (FCE), construida por la casa estadounidense Rogers en 1893. También encontrarás la número 306 de FCE, que fue producida por la Sociedad de Maestranzas y Galvanización (SMYG) en Caleta Abarca, Viña del Mar, que data de 1911. Una Kitson-Meyer, fabricada en Leeds, Inglaterra, prestó servicio entre los años 1910 y 1971. También se encuentran siete alemanas Borsig, Henschel y Jung; así como también dos Alco fabricadas por American Locomotive Company. Entre ellas, una de las más grandes que circularon en Chile, que pesaba en servicio 220 toneladas, número 1110 de FCE.

Y así, son 16 locomotoras las exhibidas. Entre sus joyas, la locomotora de vapor del Ferrocarril Trasandino Chileno, que ocupa un lugar destacado en un gran foso en medio del parque y un coche de viajeros fabricado en el año 1923 por Linke Hofmann, en Breslavia (Polonia), al que puedes subirte y recrear aquellos años en que «andar el tren era de lo mejor», como dice una muy-muy antigua canción.

Información práctica

Para tener presente: el museo está abierto de martes a domingo, entre las 10:00 y las 17:00 horas, con un valor de entrada de $1000 y $1500. Los menores de 5 años entran gratis. Para llegar, puedes usar el Metro Quinta Normal, que te deja casi en la puerta. 

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