A Bahía los pasajes

A Salvador de Bahía llegué de noche, luego de un largo viaje que comenzó en Valparaíso y continuó por Santiago y São Paulo. Entre esperas, cafés y vuelos aproveché de pensar en mi situación laboral y las ganas que tengo de vivir un cambio radical.

Vuelo a Salvador de Bahía
Vuelo a Salvador de Bahía

Ya arriba del avión terminé de escribir un artículo sobre Bahía Utópica y seguí organizando acciones para ir de a poco rentabilizando mi blog.

Literalmente el día se me pasó volando, con esa sensación de libertad y lejanía que tanto me gusta. Ya en el aeropuerto de Salvador de Bahía, logré conseguirme un Uber para ir del aeropuerto a mi hotel a 48 reales. La mitad de lo que cobraban los taxis establecidos.

Durante el trayecto el conductor y yo hicimos un esfuerzo por crear puentes entre el español y el portugués con bastante éxito. Gracias a él me enteré que Salvador tiene casi tres millones de habitantes y que es la tercera ciudad más grande de Brasil.

Entrando a Pelourinho esquivó a un grupo de jóvenes consumiendo crack. Ahí me explico que es mejor mantenerse dentro del área turística, porque fuera de ella disminuye la presencia policial y puede ser peligroso.

Salvador de Bahía, Brasil
Habitación en Hotel Bahiacafé
Salvador de Bahía, Brasil
Abará y cerveza Skol

Ya en el hotel BahíaCafé, hice el check in y salí en busca de algo para comer. No había locales abiertos, salvo un puesto de comida callejera donde compré un abará. Una masa de color amarillo rellena con una salsa misteriosa, ají y camarones. Era de un sabor algo fuerte, pero no estaba mal.

Regresé al hotel y acompañé mi improvisada cena con una cerveza. ¡Qué alivio! Tenía tanta hambre. En eso noté que me picó un mosquito y recordé la preocupación que había en Chile por la falta  de vacunas para la fiebre amarilla.

Le pregunté al recepcionista sobre la fiebre amarilla, me miró con algo de escepticismo y me dijo que la gente exagera mucho al respecto. “Sólo han sido un par de casos, concluyó”. De todas maneras subí a la habitación por el repelente antes de tomarme una caipiriña y dar las gracias por estar en Brasil otra vez.

31 de enero del 2019

 

Escrito por

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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