La periodista y emprendedora Meyling Tang llegó al mundo de la pesca casi por casualidad. Su trayectoria la llevó desde Valdivia hasta Puerto Montt, luego a Galicia y de regreso a Chile, hasta convertir a Valparaíso en el escenario de un proyecto que une comunicación, gastronomía, pesca artesanal y consumo responsable. En conversación con Apuntes y Viajes, el podcast, repasó una historia en la que el mar terminó transformándose en profesión, causa y forma de vida.
Hay viajes que comienzan sin saber exactamente cuál será el destino. El de Meyling Tang es uno de ellos.
Cuando estudió Periodismo, cuenta, el escenario laboral era muy distinto al actual. No existían las redes sociales ni la multiplicidad de plataformas digitales que hoy permiten imaginar innumerables caminos profesionales. La salida más evidente era trabajar en los medios de comunicación.
“Era bien difícil pensar en lo que uno iba a trabajar”, recuerda Tang, señalando que por entonces se hablaba de unas 80 plazas laborales para más de dos mil estudiantes de Periodismo.
Tras titularse en Valdivia, buscó trabajo y encontró una oportunidad que terminaría marcando buena parte de su vida: la industria de la acuicultura y los cultivos marinos.
Ese primer acercamiento profesional al mar fue apenas el comienzo.
Meyling Tang: Del periodismo en el sur de Chile al mundo de la pesca
En Puerto Montt, Tang trabajó en un período en que existían numerosas publicaciones especializadas en pesca y acuicultura. Allí comenzó a conocer una industria que, con los años, se convertiría en su especialidad.
Su carrera fue avanzando hasta que tomó una decisión importante: renunciar, vender lo que tenía —incluido su automóvil— y viajar a España con una visa de estudiante.
El destino fue Santiago de Compostela, en Galicia, donde posteriormente profundizó sus conocimientos en economía pesquera. Su perfil profesional actual da cuenta de una especialización que une justamente ambos mundos: es periodista y cuenta con un máster en Economía Pesquera de la Universidad de Santiago de Compostela. También ha desarrollado trabajos vinculados a análisis de mercados para FAO-GLOBEFISH y asesorías para organizaciones pesqueras, acuícolas, organismos públicos y entidades de cooperación internacional.
Pero Galicia le entregaría algo difícil de aprender únicamente en una sala de clases.
Le mostró una cultura profundamente ligada al mar.
Galicia y una pregunta que cambiaría el rumbo
Tang recuerda especialmente el respeto que encontró en Galicia hacia los productos marinos y, al mismo tiempo, la naturalidad con que pescados y mariscos formaban parte de la alimentación cotidiana.
Ostras, choritos y otros productos eran parte de una cultura gastronómica que valoraba aquello que provenía del océano.
La experiencia contrastaría posteriormente con lo que encontró al regresar a Chile.
¿Cómo podía un país con miles de kilómetros de costa, una enorme actividad pesquera y una extraordinaria variedad de recursos marinos tener dificultades para acercar esa diversidad a la mesa de sus propios habitantes?
La pregunta comenzó a tomar fuerza.
Una publicación de WWF que recoge la trayectoria de Tang señala precisamente que su experiencia en Galicia fue determinante: al volver a Valparaíso le resultaba difícil comprender que existieran tantos pescadores y tantos productos disponibles en el mar, mientras una parte importante de esa diversidad no llegaba fácilmente a mercados, supermercados o consumidores.
Era una paradoja: Chile producía alimentos del mar que muchas veces parecían más fáciles de encontrar en el extranjero que en las mesas chilenas.
El regreso a Chile y el encuentro con los pescadores artesanales
Tang regresó al país en 2012.
Entonces se incorporó a la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura. Ese trabajo le permitió conocer pescadores y comunidades costeras con las cuales, según relata, continúa vinculada hasta hoy.
El contacto directo reveló otra dimensión del problema.
No bastaba con hablar de pescado.
Había que hablar de quién lo captura, dónde se obtiene, cómo llega al consumidor, cuánto recibe el pescador por su trabajo y qué ocurre en la larga cadena existente entre el bote y el plato.
La pesca artesanal continúa teniendo un peso considerable en la Región de Valparaíso. De acuerdo con datos de Sernapesca correspondientes a marzo de 2025, había 6.256 personas inscritas en el Registro Pesquero Artesanal regional y 1.054 embarcaciones, de las cuales 1.007 medían menos de 12 metros de eslora.
Detrás de esas cifras hay familias, caletas, oficios y conocimientos transmitidos durante generaciones.
Y también una economía que necesita canales adecuados para comercializar sus productos.
Fundación CocinaMar: hacer visible a quienes viven del mar

De ese proceso surgió una convicción: las herramientas aprendidas en el periodismo podían ponerse al servicio de la pesca artesanal.
La comunicación podía ayudar a mostrar aquello que permanecía invisible.
Así nació Fundación CocinaMar por la Sustentabilidad de las Pesquerías y el Consumo Responsable de los Productos del Mar, constituida en Valparaíso el 22 de enero de 2016.
La organización trabaja en sustentabilidad pesquera, consumo responsable, fortalecimiento de las economías de la pesca artesanal de pequeña escala y comercialización directa, buscando disminuir intermediarios y acercar al consumidor con quienes extraen los productos.
Tang figura actualmente como vicepresidenta de la fundación y “aquaperiodista”.
El periodismo, entonces, no quedó atrás.
Simplemente cambió de escenario.
Las herramientas comunicacionales sirvieron inicialmente para contar las historias de los pescadores, explicar el valor de los productos, educar sobre pesca responsable y visibilizar actividades que rara vez aparecían ante el consumidor final.
Pero pronto surgió otra conclusión: visibilizar era necesario, aunque no suficiente.
Había que generar mejores negocios.
De contar historias a crear mercados
“Queríamos que los pescadores hicieran mejores negocios”, explica Tang en la conversación con Apuntes y Viajes.
Eso significaba trabajar no solamente con pescado fresco, sino también con alimentos elaborados, nuevas formas de comercialización e incluso con la oferta turística que poseen las comunidades costeras.
La idea conecta con uno de los objetivos declarados por CocinaMar: facilitar que organizaciones de pescadores artesanales comercialicen productos frescos o procesados directamente y acercar al consumidor mediante gastronomía, seguridad alimentaria, capacitación y difusión.
Y de esa búsqueda nació uno de los proyectos gastronómicos más reconocibles de este modelo en Valparaíso.
Tres Peces: cuando lo que sale del bote define la carta



En 2018 nació Tres Peces Valparaíso, en el cerro Concepción.
Su planteamiento invirtió una lógica habitual de los restaurantes.
En lugar de diseñar primero una carta y posteriormente buscar los productos necesarios para mantenerla, la disponibilidad responsable de productos del mar determina qué puede cocinarse.
El establecimiento compra directamente a pescadores y trabaja con pescados y mariscos de temporada. Su propuesta oficial señala que la carta cambia semanalmente y que se busca dar mejor utilización a los recursos pesqueros.
El proyecto afirma trabajar directamente con 40 organizaciones de pescadores, comercializando alimentos del mar de origen legal, respetando temporadas y vedas y evitando intermediarios innecesarios.
Esa dinámica permite además recuperar especies que normalmente reciben menos atención comercial.
Jibia, lapa, jerguilla, vieja, bilagay o baunco han formado parte de la filosofía de diversificación impulsada por el proyecto.
No se trata simplemente de comer pescado.
Se trata de preguntarse qué pescado, de dónde viene, quién lo capturó y si su extracción respeta la normativa.
Del restaurante a una red de pesca responsable
Con el tiempo, Tres Peces dejó de ser solamente un restaurante.
Su modelo se extendió hacia la comercialización de productos del mar y la relación directa con organizaciones pesqueras. El proyecto se define actualmente como un “intermediario ético”, que busca mejorar la comercialización de pescados, mariscos, crustáceos y algas provenientes de pesca responsable y ofrecer precios justos.
El restaurante, ubicado actualmente en Concepción 261, cerro Concepción, funciona de miércoles a domingo y mantiene una característica particular: no trabaja con reservas, sino con mesas por orden de llegada.
La experiencia también ha comenzado a viajar fuera de Chile.
En agosto de 2025, Tang presentó el trabajo de Tres Peces y Fundación CocinaMar en el Tercer Foro de Economía Azul, realizado en Cancún, México, dentro de un panel dedicado a soberanía y seguridad alimentaria. Allí expuso el modelo de abastecimiento directo y pesca responsable desarrollado en Valparaíso.
¿Qué significa realmente consumir pesca responsable?
El concepto puede parecer abstracto hasta llevarlo a una decisión cotidiana: elegir dónde compramos nuestros pescados y mariscos.
Sernapesca cuenta con el programa Sello Azul, una acreditación destinada a promover el consumo de recursos del mar de origen legal. Un establecimiento acreditado se compromete con el cumplimiento de la normativa pesquera y acuícola y con la trazabilidad de los productos que comercializa.
En 2026, el programa cumplió 10 años, reforzando su llamado a restaurantes y comercializadores a comprometerse con productos de origen legal.
Tres Peces señala contar con este Sello Azul.
La responsabilidad también recae en quien compra: conocer el origen, respetar vedas y temporadas y preferir establecimientos capaces de acreditar la procedencia de sus productos son acciones concretas que Sernapesca recomienda a los consumidores.
Chile vuelve a preguntarse cómo comer más productos del mar

El tema adquiere todavía mayor actualidad.
El 20 de agosto de 2026, la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura conformó una Mesa Técnica Intersectorial destinada a avanzar en la elaboración de una Política Nacional de Fomento al Consumo Responsable de Productos del Mar. La instancia reúne al sector pesquero y acuícola, FAO, organizaciones de pesca artesanal, productores, nutricionistas, municipios y autoridades.
La meta no consiste solamente en aumentar el consumo, sino en construir una nueva cultura alrededor de los alimentos provenientes del océano.
Precisamente el debate que Tang comenzó a plantearse años atrás después de vivir en Galicia.
Valparaíso, una ciudad que también puede volver a mirar al mar

La historia adquiere un significado especial en Valparaíso.
La ciudad nació, creció y construyó buena parte de su identidad mirando hacia el Pacífico. Sin embargo, la relación entre los habitantes, las caletas y los productos del océano no siempre resulta tan estrecha como podría suponerse.
Proyectos como CocinaMar han intentado recuperar ese vínculo. Una de sus iniciativas, Aquí Hay Pescado Valparaíso, buscó conectar consumidores de los cerros con pescadores artesanales de Caleta El Membrillo.
También existe una dimensión patrimonial.
En 2025, por ejemplo, Tang participó en una iniciativa destinada a recuperar la memoria de los antiguos salones de ostras de Valparaíso, inspirada en registros de 1854 que daban cuenta del consumo de ostras provenientes de Ancud. La propuesta buscaba no solamente rescatar una tradición gastronómica, sino promover productos con origen legal e historia conocida.
El desafío, por tanto, va mucho más allá de abrir restaurantes.
Consiste en reconstruir una cultura marítima.
Un viaje que comenzó sin un destino definido
Cuando Meyling Tang vendió sus cosas y partió a España con una visa de estudiante, probablemente era imposible anticipar que aquel viaje terminaría conectando Galicia con las caletas chilenas, el periodismo con la economía pesquera y la comunicación con la gastronomía.
Tampoco que años después aquel aprendizaje contribuiría a levantar en Valparaíso una fundación y un modelo gastronómico basado en la pesca responsable.
Su historia demuestra que una profesión puede transformarse sin desaparecer.
Tang continúa siendo periodista. Solo que sus fuentes están muchas veces en las caletas; sus historias tienen pescadores, recolectoras, algueras, cocineros y emprendedores como protagonistas; y la noticia que intenta instalar parece resumirse en una pregunta sencilla:
¿Por qué un país con un mar tan extraordinariamente rico no conoce, valora y disfruta más aquello que sus propias costas producen?
Tal vez allí esté también uno de los desafíos gastronómicos de Valparaíso.
No basta con contemplar el Pacífico desde los miradores.
También debemos volver a conocerlo, respetarlo y llevarlo responsablemente a nuestra mesa.
Y, sobre todo, conocer a las personas que cada día hacen posible que el mar llegue hasta ella.
