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Iglesia San Vicente de Paul: la “catedral de Playa Ancha” que vive también en la memoria de sus vecinos

Conoce la Iglesia San Vicente de Paul en Playa Ancha: historia de la “catedral” de este tradicional cerro de Valparaíso

Hay edificios que permiten orientarse en una ciudad y otros que permiten orientarse en la memoria. La Parroquia San Vicente de Paúl parece cumplir ambas funciones. Su torre, levantada en uno de los puntos más reconocibles de Playa Ancha, forma parte del paisaje cotidiano de un sector que posee una identidad tan arraigada que sus habitantes llevan décadas llamándolo, entre orgullo y afecto, la “República Independiente de Playa Ancha”.

Pero basta preguntar por esta iglesia en las redes sociales de Apuntes y Viajes para descubrir que detrás de su arquitectura existe otro patrimonio, mucho más difícil de registrar en planos y fotografías: el de los recuerdos de quienes crecieron a su alrededor.

“Ahí yo hice mi primera comunión y confirmación”, escribió María Ximena Parra Hidalgo al encontrarse con una publicación sobre el templo.

Una frase breve, pero suficiente para comprender que San Vicente de Paul no es simplemente una iglesia centenaria. Para generaciones de playanchinos ha sido escenario de bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios, funerales y celebraciones familiares. Es decir, de esos acontecimientos con los que también se escribe la historia de un barrio.

Una parroquia nacida mientras Playa Ancha crecía

Para comprender su origen hay que mirar el Valparaíso de comienzos del siglo XX.

Después del terremoto de 1906 se intensificó el desplazamiento de habitantes hacia los cerros y Playa Ancha fue uno de los sectores que recibió a familias que buscaban establecerse fuera del congestionado plan porteño. Estudios de la Universidad de Valparaíso sobre el desarrollo urbano del sector señalan precisamente que este movimiento contribuyó a consolidar la meseta playanchina como área residencial. 

En ese contexto apareció la necesidad de contar con una nueva comunidad religiosa.

La Congregación de la Misión —los Padres Vicentinos— registra el establecimiento de su comunidad en Valparaíso en 1912, año en que fue erigida la parroquia San Vicente de Paúl en Playa Ancha. Para 1913 había siete sacerdotes vicentinos destinados en Valparaíso, vinculados a la casa de misiones y a la nueva parroquia. 

La fecha precisa que recoge la historia publicada anteriormente por Apuntes y Viajes es el 13 de abril de 1912. Inicialmente se habría utilizado un oratorio provisional hasta contar con el templo definitivo. 

No era un fenómeno aislado. Investigaciones históricas sobre la Iglesia en Valparaíso señalan que en esos mismos años se estaban creando parroquias para atender a las poblaciones cada vez más numerosas y alejadas del centro. Nuestra Señora de Lourdes, en Los Placeres, surgió en 1911 y San Vicente de Paul, en Playa Ancha, en 1912. 

Un arquitecto francés detrás del templo

Hay un dato especialmente interesante que ayuda a comprender la importancia arquitectónica de la iglesia.

La ficha de patrimonio urbano de Valparaíso atribuye el edificio al arquitecto francés Antoine Eugène Joannon Croziery sitúa su construcción entre 1912 y 1915. El inmueble aparece registrado en calle Sierra y pertenece a la Congregación de la Misión de los Padres Vicentinos. 

Joannon dejó una extensa producción de arquitectura religiosa en Chile durante las primeras décadas del siglo XX.

Pero en Playa Ancha el emplazamiento resultó tan importante como el propio edificio.

La iglesia se instaló en un punto estratégico, asociado al encuentro de antiguas vías fundamentales para la circulación del cerro: Camino Cintura, avenida Gran Bretaña y avenida Playa Ancha. Estudios de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Valparaíso destacan que su construcción reforzó este nodo urbano y que el proyecto buscaba entregar al sector un elemento reconocible e integrado a la ciudad. Así, la iglesia no solamente ocupó Playa Ancha. Comenzó a definir su paisaje.

La iglesia que vigila la avenida

Todavía hoy resulta difícil recorrer avenida Playa Ancha sin advertir su presencia.

Desde las antiguas casas de madera hasta los almacenes, boticas, pequeños comercios y cafés, la torre aparece una y otra vez entre árboles, techumbres y calles.

Apuntes y Viajes ya había descrito esa escena al reconstruir la historia del sector: desde el Café República, por ejemplo, la figura de San Vicente de Paul se impone al fondo mientras los vecinos conversan bajo los árboles de avenida Playa Ancha. 

Es una imagen que sintetiza bien la relación entre la iglesia y el barrio.

No se trata de un monumento aislado de la vida cotidiana. A sus pies pasan micros, estudiantes, vecinos que van de compras, personas que esperan locomoción y quienes simplemente se encuentran para conversar.

Por esa presencia urbana y por sus dimensiones, a San Vicente de Paul se la conoce popularmente como la “catedral de Playa Ancha”, aunque no sea una catedral en términos eclesiásticos.

El apodo parece decir mucho más sobre el cariño y la importancia que los habitantes le asignan que sobre cualquier jerarquía religiosa.

“Ahí hice mi primera comunión”

Cuando Apuntes y Viajes volvió a mostrar la iglesia a sus seguidores, los comentarios rápidamente dejaron de hablar del edificio para comenzar a hablar de vidas.

María Ximena recordó:

“Ahí yo hice mi primera comunión y confirmación”.

Ese comentario permite mirar el templo desde otra perspectiva.

Durante más de un siglo, miles de niños debieron cruzar sus puertas vestidos para una primera comunión; familias enteras se reunieron frente al altar; parejas comenzaron allí una vida juntas y generaciones de playanchinos volvieron una y otra vez para despedir a sus seres queridos.

La iglesia se convierte entonces en una especie de álbum colectivo construido con piedra, madera y recuerdos.

Y esa memoria continúa apareciendo cuando se habla de Playa Ancha.

Otros seguidores de Apuntes y Viajes han mencionado lugares como Quebrada Verde, avenida Gran Bretaña, Marina Mercante, las antiguas poblaciones y el Paseo 21 de Mayo. Todos parecen formar piezas de un mismo mapa sentimental.

Pedro Pablo Espinoza Gay resumió ese sentimiento señalando que Playa Ancha es “un cerro único” y recordando precisamente aquello de la “República Independiente”, sus miradores y la diversidad de lugares que posee.

Una iglesia vinculada a la vida social

La presencia vicentina tampoco se limitó al culto.

Desde sus comienzos, la parroquia estuvo relacionada con las misiones populares y con el trabajo social, una dimensión coherente con la tradición de la Congregación de la Misión fundada siguiendo el legado de San Vicente de Paúl.

La historia recopilada por Apuntes y Viajes recuerda además la vinculación de los misioneros con instituciones de Valparaíso, entre ellas el Hospital El Salvador. 

Esa dimensión religiosa y social ayuda a explicar por qué la iglesia adquirió semejante protagonismo en una comunidad que estaba creciendo aceleradamente.

El terremoto de 1985 y las transformaciones

Como tantos edificios históricos de Valparaíso, San Vicente de Paul tampoco escapó a los terremotos.

El sismo del 3 de marzo de 1985 produjo importantes daños en el templo. La información histórica de los Vicentinos señala que fue necesario reconstruirlo y que durante ese proceso desaparecieron antiguos altares laterales y numerosas imágenes. 

Por eso, quien conoció la iglesia varias décadas atrás puede conservar en la memoria un interior diferente al actual.

Es otra de las paradojas del patrimonio porteño: permanece el edificio, pero no necesariamente permanece intacto.

Cada terremoto, reparación y transformación agrega una nueva capa a su historia.

El deseo de verla restaurada

Entre los comentarios recibidos por Apuntes y Viajes aparece también una preocupación contemporánea.

“Ojalá algún día pueda ser restaurada”, escribió Viviana Álvarez.

La frase pone sobre la mesa una discusión que Valparaíso conoce demasiado bien: cómo conservar aquellos edificios que la comunidad reconoce como parte de su identidad antes de que su deterioro resulte irreversible.

La preocupación no es nueva. Ya en 2007 existen antecedentes en actas del Consejo de Monumentos Nacionales sobre una consulta relacionada con una eventual declaratoria como Monumento Histórico de nueve iglesias porteñas, entre ellas San Vicente de Paul. En aquella oportunidad, el Consejo señaló que los antecedentes correspondientes todavía no habían sido remitidos para tramitar la solicitud. 

Independientemente de su protección jurídica, su valoración urbana está documentada: la ficha patrimonial del inmueble reconoce sus atributos arquitectónicos, históricos, urbanos y sociales. 

Y quizás sea precisamente ese último valor —el social— el que mejor aparece reflejado en los comentarios de los vecinos.

Mucho más que una iglesia

Recorrer Playa Ancha significa encontrarse con distintos Valparaísos superpuestos.

Está el Valparaíso militar de Artillería y la Escuela Naval; el de las grandes casonas levantadas en torno a Gran Bretaña; el de las poblaciones obreras y de clase media; el universitario; el de los clubes deportivos; el de las antiguas familias inmigrantes; el de los almacenes de barrio y también el de quienes dejaron el puerto hace décadas y siguen llamándolo hogar.

En medio de todos ellos permanece San Vicente de Paul.

Más de un siglo después de su nacimiento, su silueta continúa ayudando a reconocer Playa Ancha desde distintos puntos de la ciudad.

Pero su verdadera dimensión quizá aparezca cuando dejamos de observar la torre y escuchamos a sus habitantes.

Una seguidora recuerda allí su primera comunión y confirmación. Otra desea que algún día sea restaurada. Otros hablan orgullosamente de la República Independiente y de un cerro que, aseguran, “tiene de todo”.

Entonces la historia deja de ser solamente 1912, 1915, Joannon, arquitectura o patrimonio. Se transforma en personas. Y quizás allí esté la explicación de por qué, sin serlo oficialmente, para tantos vecinos San Vicente de Paul seguirá siendo simplemente la catedral de Playa Ancha. ❤️⚓🏘️

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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