El análisis del Observatorio Regional de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez vuelve a poner sobre la mesa una debilidad que se arrastra por años: Valparaíso crece menos que el país. Entre las alternativas para revertir esa tendencia aparece una especialmente coherente con las fortalezas del territorio: desarrollar un turismo de mayor valor, conectado con el patrimonio, la gastronomía, la cultura y las distintas economías locales.
La Región de Valparaíso enfrenta una paradoja difícil de ignorar. Posee uno de los puertos más importantes del país, una poderosa actividad logística, ciudades universitarias, producción agrícola y vitivinícola, patrimonio reconocido internacionalmente, una extensa costa, gastronomía, naturaleza, cultura y algunos de los destinos turísticos más conocidos de Chile. Sin embargo, toda esa diversidad no ha logrado traducirse en un desempeño económico acorde con sus posibilidades.
La información publicada por El Mercurio de Valparaíso, a partir de un reporte elaborado por el Observatorio Regional de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), entrega una señal preocupante: entre 2013 y 2025 la economía regional habría crecido apenas un 17%, mientras el país avanzó alrededor de un 27%.
La investigación de los académicos Alejandro Montecinos y Michael Pedersen no plantea cambiar la vocación económica de Valparaíso, sino fortalecer aquello que la región ya sabe hacer y conseguir que sus principales actividades se conecten mucho mejor entre sí. Entre las cuatro intervenciones estratégicas propuestas aparece impulsar un turismo de alto valor, diferenciado y vinculado al patrimonio cultural, articulando de mejor manera el litoral central.
Es probablemente una de las conclusiones más relevantes del estudio. Porque el turismo en Valparaíso no debiera entenderse como un complemento estacional de la economía regional, sino como una verdadera política de desarrollo productivo.
Una economía que necesita nuevas fuentes de dinamismo

El diagnóstico de la UAI cobra mayor relevancia al observar qué ha sucedido con algunos sectores tradicionales.
De acuerdo con los antecedentes consignados por El Mercurio de Valparaíso, transporte, información y comunicaciones representan alrededor del 14,3% del Producto Interno Bruto regional. Sin embargo, mientras esas actividades se expandieron aproximadamente 53% a nivel nacional durante los últimos trece años, en Valparaíso lo hicieron apenas un 9%. A ello se agregan contracciones acumuladas en sectores como la minería y la construcción.
La situación no significa que la región carezca de capacidades. Más bien parece indicar que no está obteniendo suficiente valor de ellas.
El Banco Central estimó que durante 2025 el PIB de la Región de Valparaíso creció 3%, impulsado principalmente por servicios de información, transporte y generación eléctrica. Pero en el primer trimestre de 2026 la expansión interanual se redujo a apenas 0,3%. Hay, además, un dato que merece atención: durante ese mismo período, el consumo de los hogares regionales aumentó 1,8% y entre las actividades que contribuyeron positivamente estuvieron precisamente el turismo y el transporte.
Es una pista sobre dónde pueden encontrarse nuevas oportunidades.
Valparaíso ya es la región más visitada de Chile

Hablar de turismo como motor económico regional no es formular una aspiración abstracta. La demanda ya existe.
El Anuario de Turismo 2024 de la Subsecretaría de Turismo y Sernatur identificó a la Región de Valparaíso como la región más visitada del país por el turismo interno, con aproximadamente 11,9 millones de viajes turísticos totales y 8 millones de viajes ocasionales durante ese año.
Otro informe oficial confirma la magnitud de esa posición. Durante el primer trimestre de 2025, Valparaíso recibió alrededor de 4,18 millones de viajes internos, equivalentes al 19,7% de los viajes según región de destino. Es decir, prácticamente uno de cada cinco tuvo como destino esta región.
Pocas actividades económicas regionales cuentan de partida con una demanda de semejante magnitud.
La pregunta, por lo tanto, no debería ser si Valparaíso puede ser una región turística. Ya lo es.
La pregunta relevante es cuánto de ese enorme flujo de visitantes consigue transformarse en ingresos, empleos estables, inversión, emprendimientos y desarrollo para sus habitantes.
Más turistas no necesariamente significan más desarrollo

Aquí aparece una distinción fundamental.
Durante décadas, buena parte de la conversación turística se ha concentrado en contar visitantes. Se celebran las tasas de ocupación de un fin de semana largo, el número de automóviles que ingresan a la costa o las multitudes que llegan para determinados eventos.
Pero un destino puede recibir muchísimas personas y capturar relativamente poco valor económico.
Un excursionista que llega por algunas horas, lleva sus alimentos, congestiona las calles y regresa a su ciudad durante la misma jornada tiene un impacto completamente distinto al de un visitante que permanece dos o tres noches, contrata alojamiento, come en restaurantes, visita museos, realiza un tour, compra productos locales y asiste a una actividad cultural.
Por eso es tan relevante la propuesta de la UAI de avanzar hacia un turismo de alto valor.
Y alto valor no debe confundirse necesariamente con turismo de lujo.
Significa conseguir que la experiencia entregue suficientes razones para permanecer más tiempo, recorrer más lugares y consumir más servicios locales.
Turismo significa mucho más que hoteles
Los datos nacionales ayudan a dimensionar la actividad. La Subsecretaría de Turismo informó en julio pasado que el Producto Interno Bruto Turístico Directo representó durante 2025 aproximadamente el 2,8% del PIB nacional, mientras el gasto turístico interior equivalió al 5,4% del producto. Además, las actividades turísticas generaron más de 723 mil puestos de trabajo, equivalentes al 7,6% del empleo nacional.
Su importancia radica también en la enorme cantidad de actividades que consigue activar simultáneamente.
Cuando alguien viaja no solamente paga una habitación. Compra combustible o un pasaje, utiliza transporte urbano, almuerza, toma café, visita un museo, compra artesanía, reserva una excursión, consume productos agrícolas y pesqueros, contrata guías, visita una viña, compra recuerdos o asiste a un espectáculo.
El dinero se distribuye entre una cadena considerablemente amplia de pequeñas y medianas empresas.
Esto resulta especialmente importante en una región donde el alojamiento y los servicios de comida vienen demostrando capacidad para generar empleo. En el trimestre diciembre de 2025-febrero de 2026, este rubro estuvo entre los que más contribuyeron al crecimiento regional de las personas ocupadas, con un incremento interanual de 17,6%.
El turismo, entonces, no es solamente una actividad de servicios. Puede transformarse en un mecanismo para conectar muchas de las vocaciones productivas que hoy funcionan con demasiada independencia unas de otras.
Del pescado a la copa de vino: construir encadenamientos
Ahí está probablemente la gran oportunidad para Valparaíso.
Una estrategia turística bien diseñada puede relacionar directamente a pescadores artesanales con restaurantes; agricultores con cocinas locales; viñas con hoteles y operadores turísticos; artesanos con circuitos culturales; universidades con congresos; museos con establecimientos gastronómicos; productores de alimentos con mercados; músicos con bares y centros culturales; y comunidades rurales con visitantes.
En otras palabras, el turismo puede hacer exactamente aquello que reclama el estudio de la UAI: fortalecer los encadenamientos productivos.
Una reineta desembarcada en Caleta Portales adquiere un determinado valor como producto pesquero. Convertida en un plato asociado a la identidad gastronómica porteña adquiere otro. Si esa comida forma parte de una experiencia que incluye alojamiento, patrimonio, paseo y cultura, el valor generado vuelve a multiplicarse.
Lo mismo ocurre con una botella producida en Casablanca, un dulce tradicional, una artesanía, una ruta patrimonial o una actividad cultural.
El desafío es conseguir que una mayor proporción del gasto del visitante permanezca en el territorio.
Turismo en Valparaíso: Una región extraordinariamente diversa
Valparaíso posee además una característica difícil de encontrar en otras regiones chilenas: en distancias relativamente pequeñas conviven productos turísticos completamente diferentes.
Está el patrimonio urbano y portuario de Valparaíso; el turismo de sol, playa, gastronomía y eventos de Viña del Mar; la actividad vitivinícola del valle de Casablanca; el patrimonio natural de Olmué y La Campana; las localidades costeras del litoral central; las tradiciones campesinas y rurales del interior; el valle del Aconcagua; la gastronomía marina; los mercados, caletas, ascensores, museos, arquitectura, festivales y una intensa actividad universitaria y cultural.
Eso permitiría construir itinerarios capaces de superar una de las grandes debilidades del turismo regional: la concentración del visitante en unos pocos destinos, determinadas temporadas y jornadas específicas.
El objetivo debería ser que quien llegue a Viña del Mar encuentre razones para visitar Valparaíso; que quien llegue al puerto descubra Casablanca; que quien viaje a la costa conozca también el interior; y que quien venga por un espectáculo o congreso considere permanecer una noche adicional.
No se trata simplemente de atraer más gente. Se trata de conectar mejor la oferta existente.
Los números muestran una actividad que sigue teniendo demanda: Cifras tras el turismo en Valparaíso
Incluso durante meses tradicionalmente alejados de la temporada alta, la actividad turística regional mantiene un peso considerable.
Según el INE, durante mayo de 2026 se registraron 159.060 pernoctaciones en establecimientos turísticos de la Región de Valparaíso, un crecimiento de 6,5% respecto del mismo mes de 2025. En junio fueron 152.698 pernoctaciones, con un aumento interanual de 1,2%, situando nuevamente a Valparaíso como la segunda región con mayor cantidad de noches de alojamiento del país, después de la Metropolitana.
Estos datos demuestran que existe una actividad permanente sobre la cual construir.
Pero también advierten que no basta con esperar enero y febrero.
Una política turística económicamente relevante debe buscar ocupación durante los doce meses del año mediante gastronomía, cultura, reuniones, congresos, patrimonio, naturaleza, deporte, festivales, escapadas de fin de semana y grandes eventos.
La verdadera rentabilidad de la infraestructura turística aparece cuando puede funcionar todo el año.
No habrá turismo de alto valor en la Región de Valparaíso sin ciudades que funcionen
Sin embargo, sería ingenuo creer que una estrategia de promoción resolverá por sí sola el problema.
La experiencia comienza mucho antes de entrar a un hotel o restaurante.
Comienza con carreteras en buenas condiciones, terminales dignos, transporte público eficiente, limpieza, seguridad, señalización, iluminación, espacios públicos cuidados, información turística, comercio formal y patrimonio conservado.
Una ciudad que posee enormes atractivos, pero dificulta llegar a ellos, termina reduciendo su propio potencial económico.
Este asunto adquiere particular relevancia en Valparaíso y Viña del Mar, donde las contingencias viales, el deterioro de algunos espacios urbanos y los problemas de conectividad pueden afectar directamente la experiencia del visitante.
Por eso invertir en turismo tampoco significa exclusivamente financiar campañas publicitarias. Recuperar un ascensor, mejorar una vereda, iluminar un barrio patrimonial, facilitar el transporte público o mantener limpia una avenida también son inversiones turísticas.
Lo mismo ocurre con seguridad y conservación patrimonial.
Convertir visitantes en desarrollo local
La propuesta de la Universidad Adolfo Ibáñez acierta al situar al turismo entre las actividades capaces de contribuir a una nueva etapa económica regional.
Pero para conseguirlo deberá evitarse una antigua tentación: pensar el turismo solamente desde la promoción.
Valparaíso no necesita únicamente más fotografías bonitas difundidas fuera de la región. Necesita productos turísticos, conectividad, infraestructura, capacitación, digitalización, inversión y coordinación público-privada.
También necesita indicadores más exigentes.
Además de preguntar cuántos visitantes llegaron, deberíamos saber cuánto permanecieron, cuánto gastaron, cuántas comunas visitaron, qué porcentaje de ese gasto quedó en empresas locales y cuántos empleos permanentes se generaron.
Ese cambio de mirada es fundamental.
Una industria capaz de distribuir oportunidades por el territorio
El turismo posee además una ventaja frente a actividades altamente concentradas territorialmente: puede generar oportunidades económicas en lugares donde difícilmente llegará una gran industria.
Una pequeña localidad puede construir actividad alrededor de su gastronomía, patrimonio, paisaje, agricultura, artesanía o historia.
Un emprendedor puede participar mediante un alojamiento, una cafetería, una ruta guiada, una experiencia culinaria o un producto local.
Eso transforma al turismo en una herramienta especialmente útil para una región geográficamente diversa.
Además, su relación con la gastronomía merece atención particular. A nivel nacional, alojamiento y servicios de comidas concentra cerca de dos tercios del empleo asociado a las actividades turísticas y la provisión de alimentos y bebidas representa casi un tercio de las empresas vinculadas al sector.
Para una región con productos del mar, vinos, frutas, agricultura y una creciente oferta gastronómica, esa conexión debería formar parte central de cualquier estrategia.
Valparaíso no necesita inventar una nueva vocación
Quizás esa sea la principal conclusión que debería extraerse del diagnóstico de la UAI.
La Región de Valparaíso no necesita inventarse desde cero para superar su bajo crecimiento. Tiene que lograr que aquello que ya posee funcione mejor, agregue valor y se conecte.
El puerto necesita relacionarse con la ciudad. La pesca con la gastronomía. El patrimonio con el comercio. El vino con los hoteles. La cultura con los visitantes. La universidad con los congresos. La costa con los valles interiores.
Y el turismo en la Región de Valparaíso puede convertirse precisamente en uno de esos grandes articuladores.
Durante años hemos repetido que Valparaíso es una región privilegiada por sus atractivos. Los números demuestran que los visitantes también lo creen: es la región más visitada de Chile por el turismo interno.
El problema ya no es convencer a las personas de venir.
El desafío es conseguir que su llegada produzca más desarrollo.
Porque una región que recibe millones de viajes cada año no puede seguir considerando el turismo como una actividad secundaria o como una buena temporada de verano. Debe tratarlo como lo que realmente puede llegar a ser: una industria estratégica capaz de generar empleo, conectar sectores productivos, revitalizar ciudades y distribuir oportunidades a lo largo de todo el territorio regional.
Si Valparaíso necesita encontrar nuevas fuentes de crecimiento, quizá una parte importante de la respuesta ha estado frente a nosotros todo este tiempo: en las personas que cada año eligen venir a conocerla.
