En Valparaíso, cada local guarda una historia. Algunas están escritas en sus muros, otras en la memoria de quienes lo han habitado. La Pizza del Ascensor, ubicada en el cerro Mariposa, es una de esas historias que mezcla barrio, tradición y reinvención. Su origen se remonta varias décadas atrás, cuando el lugar era conocido por otro nombre: El Oasis.
Historia de La Pizza del Ascensor
Los inicios: Bar El Oasis
Según relata Hans Meyer, fundador de La Pizza del Ascensor, la propiedad fue adquirida por sus padres a comienzos de los años 70. En ese entonces, El Oasis era un pequeño bar de barrio, un espacio sencillo pero muy concurrido. Funcionaba como punto de encuentro, especialmente durante los días de partido, cuando se llenaba de personas que llegaban a compartir una cerveza o una cañita de vino entre encuentros deportivos. Era un lugar pequeño, pero con una vida intensa, donde la comunidad se reunía de manera espontánea.
Con el paso de los años, el local fue cambiando de giro. De restaurante pasó a convertirse en botillería, atravesando distintas etapas y nombres, aunque para muchos vecinos siguió siendo simplemente El Oasis. Su estructura también era distinta: un espacio más reducido, con una vista parcial hacia la bahía y una distribución básica que poco tenía que ver con lo que hoy se puede ver en el lugar.
De bar de barrio a proyecto gastronómico

El cambio definitivo llegó cuando Hans Meyer decidió tomar el espacio y darle una nueva vida. Fue en octubre de 2019 cuando comenzó la transformación que daría origen a La Pizza del Ascensor. En ese momento, el local aún conservaba parte de su antigua estructura, pero la idea era clara: crecer, abrir el espacio y proyectarlo hacia la vista que ofrece el cerro.
Sin embargo, el contexto no fue fácil. Apenas iniciado el proyecto, el país entró en el periodo del estallido social y poco después llegó la pandemia. Fue precisamente en ese escenario donde surgió una de las decisiones clave: la construcción de una terraza.
Primero fue un pequeño balcón, con apenas cuatro o cinco mesas que rápidamente se llenaban. Pero con el tiempo, y a partir del esfuerzo constante, esa terraza se fue ampliando hasta convertirse en uno de los espacios más atractivos del local, con una vista abierta hacia los cerros y la bahía de Valparaíso.
Las transformaciones continuaron en el interior. Uno de los cambios más significativos fue la incorporación de una barra, construida a partir de un tronco rescatado de un incendio en el sur de Chile. La madera, marcada naturalmente por el fuego, le otorga al espacio un carácter único, combinando diseño, reciclaje y memoria en un solo elemento.
El origen de un nombre con identidad porteña

El nombre La Pizza del Ascensor no fue casual. Hans Meyer explica que buscaba una identidad clara, algo que permitiera ubicar el lugar fácilmente y conectarlo con el entorno. Inspirado en nombres característicos de otros locales, pensó en un concepto que representara el espíritu de Valparaíso.
Los ascensores, símbolo patrimonial de la ciudad, aparecieron como la referencia perfecta. Así nació el nombre, con la intención de que las personas lo asociaran de inmediato con el territorio: “donde está el ascensor”.
Con el tiempo, esa idea se materializó aún más. No solo quedó en el nombre: el proyecto incorporó un ascensor como elemento visible desde la calle Baquedano, una estructura que hoy llama la atención de quienes pasan por el sector y refuerza el vínculo entre el local y el patrimonio porteño.
Un espacio que mezcla historia, comunidad y renovación



Hoy, La Pizza del Ascensor continúa su desarrollo bajo la administración de Sebastián Claude, actual dueño del local, quien ha dado continuidad al proyecto manteniendo su identidad y fortaleciendo su propuesta gastronómica y cultural.
La Pizza del Ascensor es mucho más que un restaurante. Es el resultado de décadas de historia, de transformaciones sucesivas y de una visión que supo adaptarse a contextos complejos. Desde el antiguo bar El Oasis hasta la actual propuesta gastronómica, el lugar ha mantenido algo esencial: su vínculo con la vida de barrio y su capacidad de reunir a las personas.
La historia que comparte Hans Meyer no solo habla de un negocio, sino de un proceso de construcción, de identidad y de pertenencia. Un ejemplo de cómo, en Valparaíso, los espacios no desaparecen: se transforman, se reinventan y siguen contando historias desde los cerros. 🍕🚠
