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Especies en peligro en Chile: qué está pasando con la ranita de Darwin y el pingüino de Humboldt

Qué sucede con la Ranita de Darwin y Pingüino de Humboldt en Chile: amenazas, estado actual y riesgo de extinción

En Chile, donde la naturaleza no es solo paisaje sino identidad, hay dos especies que hoy condensan una pregunta incómoda: ¿estamos llegando tarde a la conservación? La ranita de Darwin y el pingüino de Humboldt —dos íconos de nuestros bosques y mares— enfrentan un escenario crítico que ya no admite eufemismos. No se trata únicamente de biodiversidad: hablamos de patrimonio vivo, de equilibrio ecológico y, en última instancia, de la forma en que un país decide relacionarse con su territorio.

La ranita de Darwin y el pingüino de Humboldt: Dos especies en peligro

La evidencia es contundente. La ranita de Darwin, única en el mundo por su particular reproducción —donde el macho incuba a sus crías en su saco vocal—, está clasificada “En Peligro”. Sus poblaciones son pequeñas, fragmentadas y, en muchos casos, invisibles para la ciencia. El pingüino de Humboldt, por su parte, ha sufrido una caída dramática: de cerca de 8.000 parejas reproductivas a comienzos de siglo a cifras que en algunos censos recientes apenas superan las 2.500. No es una disminución gradual: es un desplome. Y cuando una especie cae un 80% en dos décadas, el problema ya no es futuro, es presente.

Pero lo más preocupante es que las amenazas no son abstractas ni inevitables. Tienen nombre y origen. En el sur, la ranita enfrenta la pérdida del bosque templado, la expansión de monocultivos, los incendios y una enfermedad devastadora —la quitridiomicosis— que ha arrasado poblaciones completas. En el norte y centro, el pingüino lucha contra la sobrepesca de su alimento, la captura incidental en redes, la presión de proyectos industriales en zonas de nidificación y eventos sanitarios como la influenza aviar, que solo en 2023 mató a más de 2.000 ejemplares en Chile.

Ambas especies, en apariencia tan distintas, comparten un mismo destino: dependen de ecosistemas que hemos tensionado al límite.

Sin embargo, también hay señales de esperanza. El reciente descubrimiento de nuevas poblaciones de ranita de Darwin en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, o el aumento localizado en Pumalín tras mejoras en manejo de senderos, demuestran que la naturaleza responde cuando se le da espacio. Asimismo, la implementación de planes RECOGE —instrumentos de política pública de largo plazo— marca un avance relevante, al igual que la declaración del pingüino de Humboldt como Monumento Natural, que busca blindar legalmente su protección.

Pero aquí es donde la editorial se vuelve inevitablemente política.

Alerta por retiro de decretos ambientales

La reciente decisión del Gobierno de retirar —aunque sea temporalmente— decretos ambientales clave, incluyendo medidas de protección para estas especies, encendió alarmas en el mundo científico y ciudadano. Más allá de las explicaciones técnicas, el mensaje que se proyecta es peligroso: la conservación puede esperar. Y no, no puede.

Cuando expertos advierten que el pingüino de Humboldt podría estar al borde de la extinción en pocas décadas, o cuando una enfermedad puede eliminar en un año más de mil individuos de una especie ya amenazada, cada retraso cuenta. La conservación no funciona con tiempos administrativos, sino con urgencias biológicas.

El posterior reingreso del plan de conservación de la ranita de Darwin —y su aprobación por Contraloría— es, sin duda, una buena noticia. Pero también deja en evidencia una fragilidad institucional: las políticas ambientales no pueden depender de vaivenes ni revisiones que pongan en pausa lo urgente. La biodiversidad no entiende de plazos burocráticos.

En este contexto, la pregunta de fondo es otra: ¿qué modelo de desarrollo queremos? Porque la tensión entre conservación y crecimiento no es nueva, pero sí cada vez más evidente. Proyectos como Dominga, o la presión constante sobre zonas costeras y bosques nativos, muestran que seguimos debatiendo lo que ya debería ser consenso: sin ecosistemas sanos, no hay desarrollo posible.

La ranita de Darwin y el pingüino de Humboldt no son solo especies en peligro. Son indicadores. Nos están diciendo, con su declive, que algo estructural no está funcionando.

Y también son una oportunidad.

Todavía estamos a tiempo

Porque aún estamos a tiempo. Porque existen planes, conocimiento científico, comunidades comprometidas y organizaciones trabajando en terreno. Porque Chile tiene una red de áreas protegidas, universidades, ONG y servicios públicos capaces de articular soluciones reales. Pero para eso se requiere voluntad política, financiamiento sostenido y, sobre todo, coherencia.

No se puede declarar una especie Monumento Natural y, al mismo tiempo, dilatar las herramientas que aseguran su supervivencia. No se puede celebrar la biodiversidad en discursos mientras se debilitan los instrumentos que la protegen.

En definitiva, esta no es solo una historia sobre una rana y un pingüino. Es una historia sobre decisiones.

Sobre si queremos ser un país que reacciona cuando ya es demasiado tarde, o uno que entiende que conservar no es un lujo, sino una responsabilidad.

Porque cuando desaparece una especie, no solo se pierde un eslabón ecológico. Se pierde una parte de lo que somos.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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