Ascenso al Duomo de Bruneleshi

Leyendo»Inferno» de Dan Brown me enteré que Dante Aliguieri fue bautizado en el Batisperio, la construcción más antigua de las tres que componen la plaza del Duomo, el que todavía no existía en aquella época. Esto fue dos años después de nuestro viaje a Europa y nuestra visita a Florencia.

Lo bueno de escribir sobre estos viajes es que esa mezcla moderna de memoria y fotografías digitales publicadas en red, particularmente en Flickr, me permiten reconstruir nuestra pequeña historia, en base a un guión compuesto por fotografías. Lo malo, es que cuando más leo sobre los lugares que hemos visitado, más constancia tengo de todas aquellas cosas que pudimos visitar pero no lo hicimos, porque muchas veces ni siquiera sabíamos que existían.

Florencia, Italia
Detalle de fachada del Duomo
Florencia, Italia
Detalle de fachada del Duomo

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Así me sucedió con el Baptisperio. Más pequeño que el duomo y la campanil -y un horario restringido de visitas- casi lo pasamos por alto, de no ser porque nos detuvimos ante sus puertas talladas de bronce, para contemplar sus hermosas figuras.

Florencia, Italia
Frescos del «Juicio Final» de Vasari
Florencia, Italia
Frescos del «Juicio Final» de Vasari
Florencia, Italia
Frescos del «Juicio Final» de Vasari

Como nonatos en Florencia, nos fuimos derecho a la catedral, nos detuvimos delante de su fachada fastuosa (que luego me enteraría, fue construida siglos después) para después ingresar. Dentro, como la otra cara de la moneda, las paredes carecían de adornos y retomaban un tomo mucho más sombrío y medieval, con excepción de la cúpula de Bruneleschi, donde una pintura de Bramante retrataba con lujos y detalles los pasajes del infierno, con diablo incluido.

Florencia, Italia
Campanille
Florencia, Italia
Duomo
Florencia, Italia
Duomo

Un tanto decepcionado, luego de ver el interior de iglesias como la de San Pedro o la Capilla Sixtina, ascendimos hasta la cúpula de Bruneleschi y accedimos a una vista maravillosa de la ciudad de Florencia y las colinas toscanas que la circundaban. Fue emocionante ver que el mismo paisaje retrado en los cuadros del Renacimiento se mantenía indiferente al paso del tiempo.

¡Qué diferencia con mi país! Donde el patrimonio es una excusa publicitaria para levantar edificios, construir malls y poco a poco reducir la riqueza de la ciudad a su mínima expresión. En fin, desde la cúpula divisamos ese mar de casas rojas que tan bien describe Dan Brown cuando uno de sus personajes se arroja al vacío.

Florencia, Italia
Duomo
Florencia, Italia
Estatua de Filippo Brunelleschi

Más tarde repetimos el ascenso al Campanille y, finalmente, nos dejamos llevar por la vida de esa hermosa ciudad, recorriendo sus calles al azar y volviendo una y otra vez a la feria de chocolate. Así se nos pasó al día, hasta que nos detuvimos en un pequeño bar y disfrutamos de una tabla de quesos y salames, acompañado de un delicioso vino toscano. 

¡Cómo no iba a enamorarme de Florencia!

12 de octubre del 2013

 

Escrito por

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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