Una tarde en Guanaqueros

El auto se detiene, abrimos las puertas y nos bajamos. La brisa del océano refresca nuestros rostros. Nos estiramos, enlazamos nuestras manos, cruzamos y vamos hacia la caleta.

Macarena respira profundo y reconoce ciertos detalles del paisaje que la trasladan hasta su infancia, cuando con su familia viajaban a Tongoy e iban de paseo a Guanaqueros.

7104638515_5ca0be5214_b

7104641561_5d306e9f8a_b

6958575782_d6dcef6b6b_b

La Caleta de Pescadores ya no es el mismo lugar de antes. Una moderna instalación de cemento sirve de base para los vendedores de pescado, los pelícanos y los visitantes. Desde ahí se observa el cadencioso vaivén de los botes, la llegada de los pescadores y el jugueteo de un gran lobo marino. A lo lejos se distingue la larga playa de Guanqueros.

Siento como el sol otoñal quema lentamente mi rostro, mientras observo y saco fotografías de un grupo de pelícanos expectantes a las acciones del hombre que limpia los pescados y, cada cierto tiempo, les envía una carga de entrañas y espinas que se disputan a picotazos.

11 de mayo del 2012

 

Escrito por

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

Deja un comentario