El milagro de Fray Jorge

De regreso hacia Valparaíso, nos desviamos de la Ruta 5, doblamos hacia la derecha y pasamos por el costado del cartel verde que anunciaba al Parque Fray Jorge. Del cemento pasamos a un camino de tierra con gran cantidad de curvas y desniveles donde el paisaje era de una gran aridez, intercalada sólo por algunas casas y grupos de cabras que merodeaban por ahí.

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Una vez dentro del Parque Nacional iniciamos el ascenso hacia la Cordillera de la Costa. El día estaba soleado. Sin embargo, en lo alto de la montaña se veía una nube que avanzaba lento hacia nosotros.

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Cuando nos bajamos del vehículo nos encontramos con un bosque, donde los cactus conviven con árboles frondosos. El viento empujaba la neblina entre ramas y vegetales. El aire era fresco y cargado de humedad.  

A un costado del estacionamiento estaba la huella del sendero de tierra que cruzaba arbustos y cactus, para luego introducirse en la espesura del bosque de tipo valdiviano. La superficie de tierra dio paso a escaleras y pequeños puentes de madera que se sumergían en el verdor y la neblina.

Llegado cierto punto del trayecto hay un mirador desde donde se debería ver el Océano Pacífico. A menos que esté nublado, como nos tocó a nosotros, debiendo conformarnos con el ruido lejano de las olas al reventar contra la costa.

Luego de recorrer este fragmento de bosque en medio de la aridez de la región de Coquimbo, volvimos a nuestro auto, comimos una pequeña merienda y emprendimos nuestro regreso a casa.

16 de mayo del 2012

 

Escrito por

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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