¿Por qué una ciudad como Viña del Mar no contaba con una tienda especializada donde encontrar quesos azules, Brie, Gruyere y variedades de oveja? Esa fue una de las preguntas que llevaron a Franco Olate a desarrollar El Tablón del Queso, un emprendimiento que nació de la observación de una oportunidad comercial y que hoy forma parte de la vida cotidiana del centro viñamarino.
En el octavo episodio de la segunda temporada del podcast de Apuntes y Viajes, conversamos con Franco Olate, un emprendedor que dejó Valparaíso para instalarse en Viña del Mar, llevando consigo parte de la cultura comercial porteña y una propuesta gastronómica que busca satisfacer a quienes disfrutan de los quesos especiales.
Durante nuestra conversación, además de conocer el origen de su negocio, descubrimos algunos de sus rincones favoritos del centro de Viña del Mar, especialmente aquellos donde todavía sobreviven el comercio tradicional, las galerías y la vida de barrio.
De Valparaíso a Viña del Mar: una oportunidad que estaba esperando

La historia de El Tablón del Queso comenzó con una inquietud que Franco Olate llevaba tiempo observando: la falta de una oferta especializada de quesos en Viña del Mar.
Según recuerda, le llamaba la atención que una ciudad con características comerciales y un público diferente al de Valparaíso no contara con establecimientos que ofrecieran determinadas variedades.
“Siempre me llamaba la atención que en Viña no existiera un negocio que vendiera un queso azul, un Brie, un Gruyere, quesos de oveja”, comenta durante nuestra conversación.
La situación resultaba especialmente curiosa porque muchos consumidores viñamarinos se trasladaban hasta Valparaíso para adquirir estos productos.
Franco conocía de primera mano esta realidad. Durante la pandemia realizaba entregas de quesos a clientes de Viña del Mar dos o tres veces por semana, aprovechando sus desplazamientos entre ambas ciudades.
Antes de regresar a su casa, recorría distintos sectores para entregar los pedidos. Recreo, el centro de Viña y el sector de Álvarez formaban parte de sus rutas habituales.
Aquellos recorridos, que inicialmente respondían a una necesidad de distribución, terminaron convirtiéndose en una experiencia fundamental para comprender el comportamiento de sus potenciales clientes.
“Yo pasaba a repartir conejeando, como dicen”, recuerda al describir sus desplazamientos por las calles viñamarinas. Con el tiempo comenzó a preguntarse por qué no existía un establecimiento capaz de satisfacer directamente esa demanda.
La experiencia le permitió identificar una oportunidad: acercar los quesos especiales a los consumidores de Viña del Mar, evitando que necesariamente tuvieran que desplazarse hasta Valparaíso.
El Tablón del Queso: una propuesta diferente para los amantes del queso

El emprendimiento de Franco Olate surgió precisamente de esa necesidad de ampliar las alternativas disponibles para los consumidores. Su propuesta se concentra en un producto que cuenta con una enorme diversidad de sabores, texturas y procesos de elaboración: el queso.
Aunque en Chile existe una importante tradición de consumo de quesos, variedades como el Brie, el Gruyere, los quesos azules o los elaborados con leche de oveja permiten descubrir experiencias gastronómicas diferentes. Cada una presenta características particulares.

El Brie, por ejemplo, es conocido por su textura cremosa y su corteza blanca comestible. El Gruyere, originario de Suiza, destaca por su sabor y versatilidad culinaria, mientras que los quesos azules se caracterizan por sus aromas intensos y sus vetas producidas por cultivos de mohos específicos.

Por su parte, los quesos de oveja ofrecen una amplia variedad de perfiles, desde preparaciones suaves hasta productos madurados de sabores más pronunciados.
La idea detrás de El Tablón del Queso consiste en acercar este universo gastronómico a quienes buscan alternativas diferentes a las que habitualmente encuentran en los comercios convencionales.
Pero la historia de Franco también permite comprender otro aspecto del emprendimiento: la importancia de conocer los hábitos de consumo de una ciudad antes de instalar un negocio.
Su experiencia repartiendo quesos, conversando con clientes y recorriendo distintos barrios fue decisiva para identificar una necesidad comercial.
El centro de Viña del Mar y sus galerías: un comercio que conserva su identidad

Durante nuestro encuentro también quisimos conocer cuáles eran los lugares del centro de Viña del Mar que Franco recomendaría visitar.
Su respuesta nos llevó hacia un sector que muchas veces pasa inadvertido para quienes recorren la ciudad concentrándose únicamente en sus atractivos turísticos más conocidos.
Se trata de las galerías comerciales cercanas a la calle Arlegui. Para Franco, estos espacios representan una forma de comercio que todavía conserva características tradicionales.
En sus pasillos es posible encontrar pequeños establecimientos dedicados a diferentes actividades, desde la venta de productos y antigüedades hasta negocios especializados en juegos y otros artículos.
“Es un mundo bien interesante, es un comercio más bien tradicional, porque es atendido por sus propios dueños”, explica. Precisamente esa relación directa entre comerciantes y clientes constituye uno de los aspectos que más valora.
A diferencia de los grandes centros comerciales, donde predominan las cadenas y las tiendas de mayor tamaño, las galerías del centro viñamarino mantienen una escala más cercana. Son espacios donde todavía es posible conversar con quienes atienden, conocer la historia de un negocio y descubrir productos que no necesariamente se encuentran en otros lugares.
Franco destaca que muchas de estas galerías son agradables para recorrer y que, además, en sus alrededores existen buenas alternativas gastronómicas.
Su recomendación invita a mirar el centro de Viña del Mar desde una perspectiva diferente: no solamente como un lugar para realizar compras, sino también como un espacio donde se conserva parte de la identidad comercial de la ciudad.
Portal Álamos: cafés, comerciantes y vida de barrio
Otro de los lugares que surgió durante nuestra conversación fue el sector de Portal Álamos. Franco destaca especialmente el ambiente que se genera alrededor de sus establecimientos y cafeterías.
Entre sus recomendaciones aparece Café Ristró, un lugar que frecuenta cuando tiene la oportunidad de alejarse por algunos minutos de su trabajo.
“Cuando no me ven en el negocio, estoy tomando café ahí atrás”, comenta entre risas.
Más allá de disfrutar de una taza de café, lo que realmente valora es la posibilidad de encontrarse con otras personas que trabajan en el sector. Según explica, es habitual que distintos comerciantes coincidan en las cafeterías cercanas y aprovechen esos momentos para conversar. En ocasiones, incluso ha compartido mesa con clientes y otros trabajadores del barrio.
Es una dinámica que recuerda las formas tradicionales de convivencia urbana, cuando los cafés funcionaban como puntos de encuentro entre vecinos, comerciantes y visitantes. “Se habla y se hace vida social por un ratito”, señala.
Estas reuniones no necesariamente son largas. A veces bastan veinte minutos o media hora para compartir una conversación antes de que cada persona regrese a sus actividades. Sin embargo, esos pequeños encuentros contribuyen a fortalecer los vínculos entre quienes forman parte de un mismo entorno comercial.
Para Franco, esa es una de las cualidades que hacen agradable el sector. También destaca el entorno de Portal Álamos y las posibilidades que ofrece para recorrer sus alrededores, descubrir establecimientos y disfrutar de una pausa en medio de la jornada.
Calle Quinta: otro rincón para descubrir en Viña del Mar
La conversación también nos llevó hasta la calle Quinta, otro de los sectores del centro viñamarino que Franco considera interesante. Entre los establecimientos que menciona se encuentra Anayak, un negocio que forma parte de sus referencias al hablar de los lugares que vale la pena conocer.
Su recomendación refuerza una idea que estuvo presente durante buena parte de nuestra entrevista: el centro de Viña del Mar tiene mucho más que ofrecer de lo que puede apreciarse en un recorrido rápido.
Detrás de sus calles y galerías existen pequeños negocios, establecimientos tradicionales y espacios de encuentro que contribuyen a mantener viva la actividad comercial.
Explorar estos lugares permite descubrir una ciudad distinta de aquella que suele asociarse exclusivamente con las playas, los jardines y los grandes atractivos turísticos. Es una Viña del Mar cotidiana, construida a partir de las experiencias de quienes trabajan, compran y se encuentran diariamente en sus calles.
Una mirada porteña sobre Viña del Mar

Franco Olate llegó desde Valparaíso con una propuesta comercial que encontró espacio en Viña del Mar.
Su historia refleja una relación que ha existido durante generaciones entre ambas ciudades: el constante intercambio de personas, productos, experiencias y formas de entender la vida urbana.
Aunque Valparaíso y Viña del Mar tienen identidades diferentes, sus habitantes comparten numerosos vínculos laborales, comerciales y culturales.
En este caso, la experiencia adquirida en Valparaíso permitió identificar una oportunidad de emprendimiento en la ciudad vecina.
Pero Franco no solamente trasladó su actividad comercial. También llevó consigo una forma de valorar los pequeños negocios, la conversación cotidiana y la cercanía entre comerciantes.
Quizás por eso, cuando le preguntamos qué recomendaría visitar en Viña del Mar, no mencionó inmediatamente los lugares turísticos más conocidos.
Prefirió hablarnos de galerías, cafeterías, calles comerciales y rincones donde todavía se puede experimentar la vida de barrio.
Una mirada que nos parece especialmente interesante porque permite descubrir la ciudad desde la experiencia de quienes la habitan diariamente.
El Tablón del Queso y las historias que vale la pena contar

En Apuntes y Viajes siempre nos ha interesado conocer las historias que existen detrás de los lugares que visitamos. Muchas veces, un pequeño establecimiento puede revelar aspectos de una ciudad que no aparecen en las guías turísticas tradicionales.
La conversación con Franco Olate nos permitió acercarnos al origen de El Tablón del Queso, comprender cómo surgió su propuesta gastronómica y descubrir algunos de los espacios que forman parte de su vida cotidiana en Viña del Mar.
Su experiencia demuestra cómo una observación aparentemente sencilla puede transformarse en el punto de partida de un emprendimiento.
También nos invita a valorar esos lugares que mantienen viva la identidad de los barrios: las galerías comerciales, las tiendas atendidas por sus propietarios y las cafeterías donde todavía existe tiempo para conversar.
Porque recorrer una ciudad no consiste solamente en visitar sus monumentos o fotografiar sus principales atractivos. También significa descubrir a las personas que le dan vida, escuchar sus historias y conocer los lugares que forman parte de sus rutinas.
Y precisamente eso fue lo que encontramos en nuestra conversación con Franco Olate.
Si estás pensando en recorrer el centro de Viña del Mar, te invitamos a explorar las galerías cercanas a Arlegui, caminar por el entorno de Portal Álamos y descubrir los pequeños comercios de la calle Quinta.
Quizás, entre una vitrina, una conversación y una taza de café, encuentres una parte de la ciudad que todavía no conocías.
Y si disfrutas de los quesos especiales, El Tablón del Queso es otro nombre para tener presente en tu próximo recorrido gastronómico por Viña del Mar.
Esta historia forma parte del octavo episodio de la segunda temporada del podcast de Apuntes y Viajes, dedicado a descubrir lugares, emprendimientos y personajes que dan identidad a nuestras ciudades.
