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Crónicas

Thomas Somerscales en Valparaíso: el pintor que retrató la historia marítima de Chile

Quién fue Thomas Somerscales: el artista británico que inmortalizó Valparaíso y la Guerra del Pacífico a fines del siglo XIX

En Valparaíso hay historias que no se leen: se contemplan. Están en los cerros, en la bruma del amanecer y, también, en los lienzos que capturaron su época dorada. Una de esas miradas pertenece a Thomas Somerscales (1842–1927), un marino británico que llegó por azar al puerto y terminó convirtiéndose en uno de sus cronistas más sensibles. No escribía con palabras, sino con pinceladas: barcos, tempestades, muelles y gestas navales que hoy forman parte del imaginario chileno.

Su historia es la de un viajero que nunca pensó quedarse, pero que encontró en Valparaíso un hogar definitivo.


Del Atlántico al Pacífico: el origen de un pintor viajero

Nacido en Hull, Inglaterra, en una familia profundamente ligada al mar, Somerscales creció entre relatos de navegación y cuadernos de dibujo. Su destino parecía claro: seguir la ruta de los océanos. En 1863 ingresó a la Royal Navy como instructor y comenzó una vida marcada por travesías que lo llevaron por el Atlántico y el Pacífico.

Durante esos años, el joven marino no solo enseñaba: también observaba. En sus cuadernos quedaron registros de Tahití, Río de Janeiro y el siempre temido Cabo de Hornos. Aquellas acuarelas tempranas revelaban algo más que talento: una obsesión por capturar el movimiento del mar y la luz cambiante de los puertos.

Fue en ese contexto que, en 1864, recaló por primera vez en Valparaíso. Lo que parecía una escala más, terminaría cambiando su vida.


Valparaíso: el puerto que lo convirtió en artista

En 1869, tras enfermar de malaria en Panamá, Somerscales regresó a Valparaíso para recuperarse. Nunca más se iría —al menos no por dos décadas decisivas.

El puerto de fines del siglo XIX era un hervidero de culturas, comercio y vida marítima. Allí, el británico encontró el escenario perfecto para desarrollar su obra. Se instaló en Cerro Alegre, se integró a la comunidad local y comenzó a trabajar como profesor de dibujo en el Colegio Mackay, mientras levantaba su propio taller.

Pero lo más importante ocurría fuera de las aulas: Somerscales recorría la ciudad, observando. Pintaba la bahía desde los cerros, los movimientos en los muelles, las embarcaciones entrando y saliendo. Sus cuadros no eran solo paisajes: eran escenas vivas del puerto.

Con el tiempo, su nombre comenzó a circular en exposiciones y salones de arte. Ganó premios en Santiago y Valparaíso, y su obra empezó a ser reconocida tanto por la élite como por el público general.


El pintor de la Guerra del Pacífico

Si hay un momento que consolidó su legado en Chile, fue la Guerra del Pacífico (1879–1881). En medio del conflicto, Somerscales asumió un rol clave: transformarse en cronista visual de las batallas navales.

Su obra más emblemática, “Combate naval de Iquique” (1881), no solo retrata el enfrentamiento: construye una imagen épica que ha perdurado en la memoria colectiva. Lo mismo ocurre con sus representaciones de Angamos y otros episodios marítimos.

Estos cuadros fueron reproducidos en prensa, utilizados en educación y, con el tiempo, convertidos en símbolos de identidad nacional. En cierto modo, Somerscales ayudó a darle rostro a la historia naval chilena.


Obras que aún dialogan con el puerto

Thomas Jacques Somerscales. Antiguo Muelle de Valparaíso (Muelle Prat). Palacio Baburizza.

Hoy, gran parte de su legado puede apreciarse en colecciones chilenas, especialmente en el Museo Baburizza de Valparaíso. Allí se conservan obras fundamentales como:

  • “Antiguo muelle de Valparaíso (Muelle Prat)” (1882): una escena cotidiana del puerto, donde conviven trabajadores, embarcaciones y la vida urbana.
  • “Frente a la costa” (1920): un mar agitado, casi dramático, que refleja su dominio técnico del movimiento y la atmósfera.
  • “Recogiendo Velas” y “Vista del volcán Antuco”, que muestran su versatilidad más allá del paisaje urbano.

Cada uno de estos cuadros funciona como una ventana al pasado: un Valparaíso de veleros, comercio intenso y vida portuaria en plena efervescencia.


Un porteño adoptivo

Más allá de su origen británico, Somerscales terminó siendo parte del tejido social de Valparaíso. Se casó, formó familia y se relacionó con figuras influyentes de la época. Enseñó a nuevas generaciones de artistas —entre ellos Álvaro Casanova Zenteno— y contribuyó a instalar una mirada técnica sobre la pintura marina en Chile.

Aunque nunca dejó su identidad inglesa, fue reconocido como un “porteño adoptivo”. Su obra, profundamente conectada con el mar chileno, lo convirtió en algo más que un visitante: en un intérprete del espíritu del puerto.


El legado de un viajero que se quedó

Thomas Somerscales regresó a Inglaterra en la década de 1890, pero Chile nunca lo abandonó. Volvió en visitas posteriores y siguió pintando escenas vinculadas al país. Murió en 1927, dejando una obra que hoy se reparte entre museos chilenos y británicos.

Su legado, sin embargo, va más allá de los lienzos. Como han señalado historiadores del arte, sus pinturas ayudaron a construir el imaginario marítimo de Chile. Gracias a él, generaciones enteras han visualizado la Guerra del Pacífico y la vida portuaria del siglo XIX.

Pero hay algo más profundo: Somerscales logró capturar el carácter de Valparaíso. Ese equilibrio entre caos y belleza, entre tempestad y calma, entre viaje y arraigo.


Un viaje que sigue ocurriendo

Recorrer hoy Valparaíso es, en cierto modo, seguir los pasos de Somerscales. Basta subir a un mirador, observar la bahía o caminar por el Muelle Prat para entender por qué decidió quedarse.

Porque hay ciudades que se visitan… y otras que te adoptan.

Y en el caso de Thomas Somerscales, fue el puerto el que eligió al viajero.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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