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El sueño americano: entre Estados Unidos y la identidad latina

Natalia Pareja Andreucci: Una crónica de mi experiencia siendo latina en Estados Unidos

Desde pequeña, viajar a Estados Unidos me parecía un lujo: se veía costoso, lejano y reservado para algunos. Para una fanática de la cultura pop norteamericana como yo –criada con la magia de Disney, actuaciones aclamadas por los Premios Óscar, marcas de ropa influyentes y canciones de distintas épocas que sonaban en todos lados– el sueño americano era más una fantasía que una realidad para la identidad latina.

Primeros pasos hacia el sueño americano

La oportunidad llegó cuando menos lo esperé, como un plot twist que cambiaba todo el destino de mi película. Durante todo el 2025 me vi envuelta en preparativos, trámites y entrevistas de un programa que me permitía trabajar allá.

A causa del contexto político y social que atraviesa el país bajo el gobierno de Donald Trump, algunos papeles se volvieron más tediosos y complejos. Conseguir hora para la Embajada en Santiago (al ser la primera vez) fue como una competencia: las citas eran limitadas y se acababan solo un par de minutos después de habilitarse. Para mi suerte, el tercer intento fue el vencido y logré conseguir una fecha.

Por el tiempo que me hospedaría y mis motivos de viaje, necesité de una visa especial que no está vinculada a la Waiver, por lo que ese proceso fue más sencillo. Aún así, me llamó la atención que, una vez terminada mi cita, me pidieran mantener mis redes sociales públicas para revisar el tipo de contenido que comparto. Una exigencia que se aplicaba a todos los que postulaban desde ese año.

Pasaron los meses y en Chile aumentaba la urgencia por las horas en la Embajada. Mientras tanto, desde Estados Unidos se publicaban noticias sobre restricciones y arrestos a latinos, donde no siempre había una revisión justa de los pasaportes. Pero esto no me detuvo. Llegó el 12 de diciembre y me despedí de mi familia en el Aeropuerto Internacional de Santiago, con mucha emoción por la nueva aventura y gran nostalgia por mi versión pequeña que soñaba por ese día.

En medio de los choques culturales

Durante las primeras semanas ocurrieron los inevitables choques culturales entre ambos países. A diferencia de lo que imaginaba, los estadounidenses se destacan por ser muy amables, bromistas y atentos. Desde mi llegada, he recibido muchos saludos cordiales y he conocido a muchos interesados en la sociedad latina. Aunque, como en todo lugar, no faltan las miradas discriminatorias ante nuestros acentos.

Con el paso de los días, aprendí que los prejuicios que se impusieron entre nuestras comunidades no resisten al compartir con otras personas. Ellos no son distantes ni desinformados sobre el mundo, y nosotros no encajamos con la idea simplificada de desorden que se tiene. En mi trabajo encontré personas interesadas en nuestra cultura, así como hispanohablantes alegres de vivir en estas zonas.

Los paseos por la calle son muy comunes; no hay tanto miedo por los asaltos, pero sí una ligera preocupación ante la primera sirena policial. Al inicio todo iba como chiste, pero a medida que se publicaban más casos en ubicaciones cercanas de estudiantes deportados, el pasaporte y otros documentos se volvieron fieles compañeros que no puedo abandonar para ninguna salida.

Vivir como latina en Estados Unidos

Mi grupo de amigos terminó siendo un pequeño mapa de Sudamérica: desde Chile, con paradas en Argentina y Perú. En nuestras tardes libres solemos buscar actividades para compartir, destacando el pool.

Desde el primer día notamos que los hombres competían amistosamente mientras las mujeres se sentaban a mirar, conversaban o cuidaban a sus hijos. En ese momento, mi amiga y yo éramos las únicas con un taco de billar en mano.

Para nosotros no solo fue un choque cultural, sino también personal. Quizás solo se debía a la actividad, al lugar o las personas, pero, sorpresivamente, en un país primermundista y tras años de luchas feministas, el machismo seguía presente de manera indirecta en prácticas ya normalizadas.

Con el paso de los días, se acercó el Super Bowl LX, un acto que este año tuvo un gran peso para la huella latina por la presentación de Bad Bunny y las críticas del presidente. Como es costumbre, asistimos al local mexicano más famoso del pueblo: Fiesta Jalisco, donde la vibra hispana se siente desde la cocina y se comparte hablando con los meseros. Quizás la mayoría local solo veía el show para apoyar a sus equipos, pero para nosotros fue un acto de orgullo puro por nuestras naciones.

Un camino que cruza fronteras

Mi estancia, por el momento, ha sido muy divertida, pero igual de cuidadosa. Aprender de la cultura estadounidense y viajar por las ciudades más conocidas ha sido un gran sueño cumplido. A pesar de las complicaciones actuales con las visas y las circunstancias que atraviesan algunos con el ICE, este viaje me ha enseñado que los titulares no cuentan la historia completa.

Estados Unidos dejó de verse como un destino alejado y complicado, sino que se volvió un punto de encuentro entre distintas naciones e impactos entre las sociedades. El camino no es fácil, pero tampoco imposible. Cruzar fronteras siempre implica aprendizaje y, por detrás, una historia de orgullo.

Ser latina en Estados Unidos va más allá de los prejuicios y estereotipos. Siguiendo el mensaje “Together we are America”, todos construimos nuestra identidad y compartimos la misma comunidad.

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