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Desde Puquios al Salar de Maricunga: ruta por los paisajes más extremos de la Región de Atacama

Puquios, Salar de Pedernales y Maricunga: crónica de un viaje a las alturas de la Región de Atacama, Chile

El segundo día en la Región de Atacama comenzó temprano y con una promesa clara: dejar atrás la ciudad para subir a las alturas, donde el paisaje se vuelve más austero, el aire más delgado y cada kilómetro se siente como una transición hacia otro mundo. El desierto, que desde abajo parece inmóvil, cambia de rostro cuando se asciende.

Los paisajes más extremos de la Región de Atacama

Puquios: silencio y memoria en la ruta

La primera parada fue el pueblo fantasma de Puquios. Entre ruinas de adobe y restos industriales, el silencio pesa. Caminar por este antiguo asentamiento minero es enfrentarse a una historia detenida en el tiempo: calles vacías, muros erosionados y un paisaje que lentamente va reclamando lo que alguna vez fue habitado. Puquios no se recorre rápido; se observa con respeto, como quien lee las últimas páginas de un libro antiguo antes de seguir viaje.

Desayuno en altura: Vega de San Andrés

Desde ahí continuamos hacia la Vega de San Andrés, a unos 1.500 metros de altura, donde hicimos una pausa para desayunar. Rodeados de vegetación inesperada en medio del entorno árido, este oasis marca un punto de transición entre el valle y la alta cordillera. Comer aquí tiene algo especial: el cuerpo comienza a adaptarse a la altura y la mente se prepara para lo que viene.

Ascenso, guanacos y el aire que empieza a faltar

Seguimos subiendo. El camino se volvió más solitario y el paisaje, más amplio. En medio de la ruta, algunos guanacosaparecieron con naturalidad, recordándonos que este territorio les pertenece mucho antes que a cualquier visitante. El altímetro seguía subiendo hasta alcanzar los 4.200 metros sobre el nivel del mar. A esa altura, cada movimiento se siente distinto: la respiración se acorta, el sol golpea con fuerza y el silencio se vuelve aún más profundo.

Salar de Pedernales: caminar en otro planeta

El destino siguiente fue el Salar de Pedernales, y no fue solo una visita: entramos literalmente al salar. La experiencia fue física y sensorial. Caminamos durante largo rato sobre una superficie extremadamente blanca, casi cegadora, donde la luz se refleja sin concesiones. La falta de oxígeno, el resplandor constante y la inmensidad del paisaje generan una sensación difícil de describir. Era, sin exagerar, como caminar en otro planeta.

Cuando las piernas ya acusaban el esfuerzo, llegó el momento más esperado. Al final de la caminata, apareció ante nosotros una laguna de un intenso color turquesa, un contraste perfecto con la sal y el cielo. El cansancio se disipó por unos minutos, reemplazado por la certeza de estar frente a uno de esos paisajes que quedan grabados para siempre.

Salar de Maricunga y refugio en la altura

Pero la jornada aún no terminaba. Desde Pedernales nos dirigimos al Salar de Maricunga, un nuevo escenario donde la vida vuelve a aparecer en forma de flamencos, que se mueven con calma sobre los espejos de agua. Verlos ahí, a esa altura y en medio de un entorno tan extremo, es una lección silenciosa sobre adaptación y equilibrio.

A pocos metros del salar se encontraba el refugio, nuestro lugar de descanso para la noche. Allí, finalmente, bajamos el ritmo. El cuerpo pedía pausa y abrigo, y la mente comenzaba a ordenar todo lo vivido durante el día. Afuera, la cordillera se oscurecía lentamente; adentro, recuperábamos energía para seguir explorando.

El segundo día en Atacama fue intenso, exigente y profundamente revelador. Altura, silencio, esfuerzo y belleza se combinaron en una experiencia que va más allá del viaje. Aquí, en la cordillera atacameña, el paisaje no solo se mira: se siente en el cuerpo y se queda en la memoria.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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