Caminar por Valparaíso es también encontrarse con negocios que parecen desafiar el paso del tiempo. Algunos han sobrevivido terremotos, incendios, transformaciones urbanas, cambios en las costumbres de consumo y la llegada de grandes cadenas comerciales. Detrás de sus vitrinas se esconden historias familiares estrechamente relacionadas con la inmigración que dio forma al puerto durante los siglos XIX y XX.
En nuestra visita al Museo del Inmigrante, en el cerro Concepción, llegamos a un espacio que nos llamó especialmente la atención: el salón dedicado a los “Clásicos Porteños”, definido por la muestra como aquellos “emporios que continúan hasta la actualidad”.
Allí aparecen nombres que forman parte de la memoria comercial de Valparaíso: La Bandera Azul, Botica Unión, Almacen el Olivar, la fábrica de Licores Tres Torres y su célebre Araucano, Farmacias Knop, Bogarín y Cecinas Sethmacher.
Lo interesante es que no estamos hablando únicamente de recuerdos exhibidos en un museo. Buena parte de estas historias todavía pueden encontrarse caminando por Valparaíso.
Los comercios más antiguos de Valparaíso
La Bandera Azul: un sobreviviente del Barrio Puerto

La exposición del Museo del Inmigrante sitúa la fundación de La Bandera Azul en 1918 y la presenta como uno de los sobrevivientes de los antiguos emporios italianos que comenzaron a instalarse en Valparaíso a comienzos del siglo XX.
Según la información recogida en el museo, el negocio de la familia Viacava comenzó comercializando juguetes y fuegos artificiales, además de productos de menaje para el hogar, actividad que ha logrado prolongarse durante generaciones.

Y más de un siglo después todavía podemos encontrar La Bandera Azul en el Barrio Puerto: actualmente figura funcionando en Cochrane 192 como comercio especializado en artículos para el hogar y cocina.
Es uno de esos casos en que una dirección comercial termina convirtiéndose también en parte de la memoria cotidiana de una ciudad.
Botica Unión: una farmacia nacida en el Valparaíso cosmopolita

Otro de los establecimientos destacados por la exposición es Botica Unión.
La muestra señala que fue creada en 1890 por químicos farmacéuticos alemanes e italianos, en una época en que Valparaíso recibía comerciantes, profesionales y emprendedores provenientes de distintos lugares del mundo.
El museo destaca además la continuidad del establecimiento a través de generaciones de la familia Moggia Gardella.

Lo más sorprendente es comprobar que la botica sigue existiendo en Condell 1205. Incluso encontramos una referencia histórica especialmente interesante: un documento estadounidense de 1944 ya registraba a “Botica Unión” exactamente en Condell 1205, la misma dirección en la que aparece actualmente.
Son más de ocho décadas documentadas en un mismo punto de la ciudad, y su historia se remonta todavía más atrás.
El Olivar: desde 1889 en el Almendral

Uno de los casos más antiguos de esta ruta es el Almacén El Olivar, ubicado en Victoria 2507, esquina Simón Bolívar.
La exposición del museo señala que fue fundado por inmigrantes italianos provenientes de Liguria en 1889 y recuerda su tradición vinculada a la importación de cristalería y porcelana europea.
Otras fuentes históricas permiten complementar esta historia. Una investigación alojada por la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV señala que el establecimiento ya existía en 1889 bajo la familia Canessa y que en 1910 fue adquirido por el italiano Agustín Noce. El mismo trabajo recuerda que llegó a ser uno de los comercios más elegantes de calle Victoria, con cristalería y porcelana importadas en sus estanterías.
El nombre tampoco sería casual: la actual calle Simón Bolívar fue conocida antiguamente como calle Olivar, origen de la denominación del negocio.

Y el comercio continúa allí. El registro comercial actual mantiene al Almacén El Olivar precisamente en Victoria 2507.
Licores Tres Torres: más de un siglo destilando historia porteña

La inmigración italiana también aparece detrás de una de las fábricas más características de Valparaíso: Tres Torres – Virgilio Brusco e Hijos.
Su historia comienza con Virgilio Brusco Castagnino, inmigrante procedente de Génova. La propia empresa fecha su fundación en 1906 y explica que Brusco instaló una destilería donde comenzó a producir licores siguiendo la tradición europea. Actualmente, sus descendientes continúan elaborando más de veinte productos y mantienen las marcas Tres Torres y Águila.

La fábrica permanece en Yungay 2480, en el Almendral, y la historia familiar continúa a través de sucesivas generaciones.
Entre sus productos existe uno que merece un capítulo propio.
Araucano: de una antigua botica a un clásico de Valparaíso

“Vigor y Salud Araucano”, dice la antigua publicidad reproducida en el Museo del Inmigrante.
La historia del Bitter Araucano cruza nuevamente inmigración, farmacia y tradición comercial. Según la propia fábrica, el producto se remonta al farmacéutico alemán Fritz Hausser, quien se estableció en calle Esmeralda, cerca de la plaza Aníbal Pinto, y abrió la farmacia El León. Allí comenzó a desarrollar durante la década de 1920 el licor que entonces se promocionaba como un tónico digestivo.
Con el paso de las décadas, la receta terminó en manos de la familia Brusco y actualmente sigue siendo elaborada por Tres Torres en Valparaíso. La empresa señala que el Bitter Araucano se prepara a partir de una combinación de hierbas y mantiene su carácter de producto tradicional. En 2011 fue reconocido por la Municipalidad de Valparaíso como un brebaje de tradición porteña y en 2017 obtuvo una medalla de plata en Spirits Selection by Concours Mondial de Bruxelles.
Es un excelente ejemplo de cómo una fórmula que nació vinculada al mundo de las antiguas boticas terminó transformándose en parte de la cultura gastronómica de la ciudad.
Farmacias Knop: de Plaza Echaurren a todo Chile

La historia de Farmacias Knop también comienza en Valparaíso y está directamente relacionada con la inmigración alemana.
Reinaldo Knop Niederhoff llegó desde Alemania, estudió Química y Farmacia en la Universidad de Chile y estableció su actividad farmacéutica en el puerto. La historia institucional de la empresa sitúa en 1931 la apertura de Farmacia y Droguería Knop en Plaza Echaurren.
Hay una pequeña diferencia entre las distintas cronologías de la propia compañía: una publicación de 2025 señala que Knop fundó una primera Farmacia y Droguería Alemana en 1926 y que en 1931 comenzó la fabricación de medicamentos naturales. La historia corporativa, en cambio, utiliza 1931 como fecha de apertura de la primera farmacia.
Lo indiscutible es su origen porteño.
Con los años, aquel negocio familiar iniciado en el Barrio Puerto se expandió por Chile. La compañía informa actualmente una red superior a 80 locales.
Y en 2026 se produjo un regreso especialmente simbólico: Farmacias Knop inauguró un Emporio Knop precisamente en Destino Valparaíso, proyecto donde se encuentra el Museo del Inmigrante que visitamos. La empresa definió esta apertura como una forma de reencontrarse con sus raíces porteñas.
Así, la historia que observamos en las paredes del museo continúa escribiéndose dentro del mismo recinto.
Bogarín: desde 1939 frente a Plaza Victoria

Hay sabores que para varias generaciones de porteños están asociados a un lugar determinado. Uno de ellos es Bogarín.
La fuente de soda abrió en 1939 frente a Plaza Victoria y continúa funcionando en el mismo sector, actualmente en Plaza Victoria 1670.
La exposición del Museo del Inmigrante recuerda que fueron inmigrantes argentinos quienes llevaron hasta Valparaíso la influencia de las fuentes de soda bonaerenses y sus sándwiches de miga, en un local marcado además por la estética art déco.

Con el tiempo, Bogarín consolidó una identidad propia. Sus sándwiches de miga, jugos naturales y leche de almendras terminaron formando parte del imaginario gastronómico porteño. Fuentes especializadas en turismo local continúan destacando sus sándwiches de ave palta, jamón huevo, jamón alcachofa y ave pimentón, junto con jugos y helados artesanales.
La prensa ha documentado además que en la década de 1970 Giovanni Costa, italiano procedente de Rapallo, incorporó los jugos naturales y los sándwiches de miga a la oferta del establecimiento.
Más que una fuente de soda, Bogarín se transformó en uno de esos puntos de referencia que permiten explicar Valparaíso a través de sus sabores.
Cecinas Sethmacher: tradición alemana en el Barrio Puerto

El recorrido del museo también rescata la historia de Cecinas Sethmacher.
Según la exposición, la producción y venta de embutidos artesanales nació en 1943 de la mano del inmigrante alemán Alfred Sethmacher, quien llegó a Valparaíso buscando nuevas oportunidades.
Durante décadas, su establecimiento del Barrio Puerto fue conocido por sus embutidos artesanales. Una crónica dedicada al comercio recuerda productos como patés, longanizas, salames y arrollados, además de detalles que contribuían a conservar la atmósfera de los antiguos comercios: productos colgados a la vista, un gran mesón y el tradicional embalaje con papel y pita.
En este caso encontramos una discrepancia menor entre las fuentes: el panel del Museo del Inmigrante sitúa el nacimiento de la producción en 1943, mientras que la crónica histórica consultada señala la llegada de Alfred Sethmacher desde Dresde en 1944. Por eso, más que forzar una fecha única, resulta prudente conservar ambas referencias.
Comercios que cuentan la historia de una ciudad

Después de recorrer esta sala del Museo del Inmigrante comprendemos que hablar de inmigración en Valparaíso no significa únicamente recordar a quienes llegaron al puerto hace cien o ciento cincuenta años.
Su legado todavía puede verse —y en algunos casos probarse— en la ciudad.
Italianos, alemanes y otros inmigrantes trajeron conocimientos farmacéuticos, técnicas de elaboración de alimentos y licores, nuevas formas de comercio y costumbres que terminaron mezclándose con las propias tradiciones porteñas.
Lo extraordinario es la continuidad.
La Bandera Azul permanece en Cochrane. Botica Unión sigue en Condell. El Olivar continúa en Victoria con Simón Bolívar. Tres Torres todavía fabrica sus licores en Yungay. Farmacias Knop pasó de Plaza Echaurren a convertirse en una cadena presente en gran parte de Chile y regresó recientemente con un emporio al mismo proyecto cultural que rescata su historia. Y Bogarín continúa mirando hacia Plaza Victoria.
Son establecimientos comerciales, por supuesto, pero también pequeñas cápsulas de memoria urbana.
Tal vez por eso recorrer el salón de los Clásicos Porteños del Museo del Inmigrante produce una sensación especial: al salir del museo, varias de las historias que acabamos de conocer siguen esperando afuera, detrás de un mesón, una antigua vitrina, una botella, un sándwich de miga o un letrero que generaciones de porteños han visto durante toda su vida.
Y ahí surge inevitablemente la pregunta: ¿cuántos de estos clásicos porteños conocemos realmente y cuáles todavía nos falta entrar a descubrir?
