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Sala de Diarios del Museo del Inmigrante: las noticias que marcaron la historia de Valparaíso

Historia de Valparaíso: del comercio y el ferrocarril al terremoto de 1906 y mucho más en el Museo del Inmigrante

Hay espacios museográficos que se recorren observando objetos y otros que consiguen hacernos sentir que estamos leyendo la historia mientras ocurre. Eso nos pasó durante nuestra visita a la Sala de Diarios del Museo del Inmigrante, en el cerro Concepción de Valparaíso.

Paredes cubiertas por antiguas portadas, avisos comerciales y reproducciones de periódicos convierten este espacio en una gran línea de tiempo. Fechas como 1811, 1830, 1851, 1863, 1866, 1883, 1904 y 1906 permiten seguir algunos de los acontecimientos que transformaron a Valparaíso desde un puerto colonial en una de las ciudades comerciales y cosmopolitas más importantes del Pacífico.

Y hay un detalle que ayuda a comprender el sentido de esta sala: muchas de aquellas transformaciones están directamente relacionadas con la llegada de inmigrantes, comerciantes, empresarios, técnicos e ingenieros que encontraron en Valparaíso un lugar donde desarrollar sus actividades.

La historia de la ciudad y la historia de la inmigración terminan, una vez más, encontrándose.

Las noticias que marcaron la historia de Valparaíso

1811: Valparaíso se abre al comercio internacional

Uno de los primeros hitos que encontramos corresponde a 1811 y la libertad de comercio.

El 21 de febrero de ese año, la Junta de Gobierno decretó la libertad de comercio para los puertos de Valparaíso, Coquimbo, Talcahuano y Valdivia. Aquella decisión fue fundamental para el futuro del puerto, porque facilitó el intercambio con embarcaciones y comerciantes extranjeros. 

Durante las décadas siguientes comenzaron a llegar productos europeos y se instalaron comerciantes provenientes de diferentes países. Entre 1820 y 1830, el comercio con las potencias europeas se convirtió en uno de los motores del desarrollo de la naciente República.

Valparaíso estaba comenzando a convertirse en una puerta de Chile hacia el mundo.

El crecimiento fue extraordinario. La población porteña pasó de unos 5.000 habitantes en 1810 a alrededor de 40.000 en 1842. Entre ellos había numerosos extranjeros atraídos por las oportunidades comerciales que ofrecía el puerto. 

1827: nace El Mercurio de Valparaíso

Los diarios son protagonistas de esta sala y no podía faltar uno estrechamente relacionado con la historia porteña.

El 12 de septiembre de 1827 comenzó a publicarse El Mercurio de Valparaíso. 

Sin embargo, la prensa comercial ya había encontrado terreno fértil en la ciudad. En 1826 circulaba el Telégrafo Mercantil, periódico que informaba sobre movimientos del puerto, llegadas y salidas de barcos, comercio, leyes y discusiones políticas. 

Precisamente una reproducción del Telégrafo Mercantil que observamos durante nuestra visita recuerda el proceso de apertura comercial iniciado en 1811.

Los periódicos se transformaron así en testigos privilegiados de una ciudad que crecía mirando hacia el océano.

1830: Valparaíso se transforma en un gran centro comercial

Otra fecha destacada en la Sala de Diarios es la década de 1830, asociada al establecimiento de los almacenes francos.

El contexto permite entender su importancia. A partir de esos años, Valparaíso se consolidó como un gran centro comercial del Pacífico. Los barcos que atravesaban el estrecho de Magallanes encontraban aquí un lugar estratégico para almacenar y redistribuir mercancías antes de continuar hacia otros puertos americanos o hacia Asia. 

La legislación comercial también favoreció la construcción de bodegas, almacenes y casas comerciales. La Ley de Almacenes Fiscales fue perfeccionada en 1833 y al año siguiente se promulgó una Ley de Aduanas que reguló el movimiento de mercancías y el cobro de aranceles. 

Este movimiento económico atrajo a comerciantes extranjeros y explica, en buena medida, la fuerte presencia británica, alemana, francesa, italiana, española y de otras colectividades en el Valparaíso del siglo XIX.

1851: nace el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso

La Sala de Diarios también recuerda uno de los hitos más profundamente ligados a las colectividades extranjeras del puerto: la fundación del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso.

Todo comenzó después de un enorme incendio ocurrido la noche del 15 de diciembre de 1850. El fuego, iniciado en una cigarrería, terminó destruyendo 37 viviendas y establecimientos comerciales.

La magnitud del desastre dejó en evidencia que una ciudad en rápido crecimiento necesitaba una organización especializada para enfrentar los incendios.

El proceso de organización avanzó rápidamente y el 30 de junio de 1851 quedó establecido como fecha de fundación del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, el primero de Chile. 

Las compañías vinculadas históricamente a distintas colectividades extranjeras constituyen otro ejemplo de cómo la inmigración no solamente dejó negocios, arquitectura o tradiciones, sino también instituciones que continúan formando parte de la identidad porteña.

1863: el ferrocarril une Valparaíso y Santiago

El crecimiento comercial hacía indispensable mejorar las comunicaciones con Santiago.

La construcción del ferrocarril comenzó en 1852. El proyecto enfrentó enormes dificultades económicas y técnicas hasta que fue retomado bajo la dirección del ingeniero estadounidense Henry Meiggs.

Finalmente, el 14 de septiembre de 1863 se inauguró oficialmente la conexión ferroviaria completa entre Valparaíso y Santiago. Dos trenes partieron desde ambas ciudades y se encontraron en Llay-Llay para la ceremonia inaugural. La línea alcanzaba aproximadamente 187 kilómetros. 

El ferrocarril no solamente redujo las distancias. También transformó la economía, permitió movilizar personas y mercancías y estimuló el crecimiento de numerosas localidades ubicadas a lo largo de su recorrido.

Valparaíso se conectaba cada vez más rápidamente con el resto del país.

1866: el submarino Flach, una sorprendente historia porteña

Entre los acontecimientos que encontramos en la sala hay uno particularmente llamativo.

En 1866 se construyó en Valparaíso el submarino Flach, diseñado por el ingeniero alemán Karl Flach.

Su historia fue breve y trágica. El 3 de mayo de 1866 la nave se hundió en la bahía de Valparaíso durante una prueba, con su inventor y otros tripulantes a bordo.

La Armada de Chile señala que fue el quinto submarino construido en el mundo, el primero de Chile y el segundo de América. Más de un siglo después se han desarrollado expediciones para intentar localizar sus restos en la rada porteña. 

Es probablemente uno de los mejores ejemplos de cómo la historia de la inmigración, la ingeniería y el desarrollo tecnológico también se cruzaron en Valparaíso.

1866: el bombardeo de Valparaíso

Pero aquel mismo año quedaría marcado por otro acontecimiento mucho más devastador.

El 31 de marzo de 1866, en el contexto de la guerra entre Chile y España, la escuadra española bombardeó Valparaíso después de que el Gobierno chileno rechazara sus exigencias. 

La ciudad, que concentraba una enorme actividad comercial, quedó expuesta al ataque.

La reproducción periodística que encontramos en el museo permite imaginar el impacto que debió provocar aquel episodio entre quienes vivían en el puerto. La prensa volvía a transformarse en testigo de la historia.

1883: Valparaíso comienza a subir en ascensor

Quienes hoy recorremos Valparaíso difícilmente podemos separar la imagen de la ciudad de sus ascensores.

La Sala de Diarios nos lleva hasta 1883, cuando se inauguró el primer ascensor porteño en el cerro Concepción.

La expansión urbana hacia los cerros había generado un problema evidente: conectar las zonas residenciales ubicadas en altura con el plan comercial y portuario.

El Ascensor Concepción fue la respuesta a esa necesidad. Inaugurado el 1 de diciembre de 1883, se transformó en el primero de una red que terminaría caracterizando la movilidad y el paisaje urbano de Valparaíso. 

Más de 140 años después continúa siendo uno de los símbolos del cerro Concepción y está protegido como Monumento Histórico.

Resulta especialmente significativo encontrar este hito dentro del Museo del Inmigrante: al terminar la visita podemos salir nuevamente al barrio y encontrarnos con ese mismo ascensor formando parte de la vida cotidiana.

1904: la modernización del transporte urbano

El cambio de siglo encontró a Valparaíso convertido en una ciudad que buscaba modernizar sus servicios.

La Sala de Diarios recuerda la llegada de los tranvías eléctricos, que fueron reemplazando a sistemas anteriores de transporte urbano. La ciudad ya contaba desde 1860 con un ferrocarril urbano de carros de sangre —vehículos sobre rieles tirados por animales—. 

La electrificación del transporte representó un nuevo salto en la modernización urbana. La imagen de aquellos tranvías también permite establecer un puente con el presente: Valparaíso sigue siendo una ciudad donde el transporte público forma parte de su patrimonio e identidad visual.

1906: el terremoto que volvió a cambiar Valparaíso

El recorrido desemboca en uno de los episodios más dolorosos de la historia de la ciudad.

El 16 de agosto de 1906 un violento terremoto devastó Valparaíso.

La destrucción alcanzó gran parte de la ciudad y se estima que alrededor de 3.000 personas perdieron la vida. Tras el desastre se organizaron redes de asistencia para los damnificados y posteriormente comenzó una profunda transformación urbana y arquitectónica. 

Las consecuencias trascendieron incluso a Valparaíso. El terremoto impulsó el desarrollo de los estudios sismológicos en Chile y en 1908 se creó el Servicio Sismológico de Chile, dirigido inicialmente por el científico francés Fernand de Montessus de Ballore. 

También produjo cambios demográficos: parte de la población comenzó a desplazarse progresivamente hacia Viña del Mar. 

Valparaíso volvía a enfrentarse a una característica que atraviesa toda su historia: la necesidad de reconstruirse.

Una sala para comprender por qué Valparaíso es Valparaíso

Después de recorrer la Sala de Diarios entendemos que estas fechas no son acontecimientos aislados.

La libertad de comercio atrajo barcos y comerciantes. El crecimiento económico impulsó almacenes, bancos y nuevas empresas. La inmigración incorporó conocimientos, costumbres e instituciones. El ferrocarril acercó el puerto a Santiago. Los ascensores permitieron poblar y conectar los cerros. Los tranvías modernizaron los desplazamientos. Incendios, bombardeos y terremotos obligaron una y otra vez a reconstruir la ciudad.

Todo ocurrió en apenas un siglo.

Entre 1810 y 1842, Valparaíso multiplicó por ocho su población. A mediados del siglo XIX ya se había convertido en la capital comercial, industrial y financiera de Chile, posición que mantuvo hasta comienzos del siglo XX. 

Y esa historia todavía puede leerse caminando por la ciudad.

El Ascensor Concepción continúa subiendo hacia el cerro. Los edificios del plan recuerdan el antiguo esplendor comercial. Las compañías de Bomberos mantienen los vínculos históricos con diferentes colectividades. Los cerros Alegre y Concepción conservan buena parte del paisaje urbano construido durante aquel período de expansión.

Por eso nos parece que la Sala de Diarios cumple una función especialmente interesante dentro del Museo del Inmigrante: antes de hablar solamente de quienes llegaron desde otros países, nos ayuda a comprender la ciudad que los recibió y que ellos mismos contribuyeron a transformar.

Al salir nuevamente a las calles del cerro Concepción, muchas de esas noticias dejan de sentirse como acontecimientos lejanos.

Están ahí afuera.

En un ascensor, una iglesia, una antigua casona, una compañía de Bomberos, una calle que baja hacia el puerto o una vista de la bahía.

Son páginas de un diario que Valparaíso todavía sigue escribiendo.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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