Hay proyectos que comienzan mucho antes de abrir sus puertas. Se construyen a partir de experiencias, viajes, encuentros y sueños que permanecen durante años esperando el momento indicado para transformarse en realidad. Así puede entenderse parte de la historia de Verónica Muñoz, quien después de una extensa trayectoria vinculada a la educación asumió el desafío de darle una nueva vida a La Colombina, en el cerro Alegre de Valparaíso.
Su relación con la ciudad, sin embargo, comenzó décadas antes. Verónica creció en el interior de la Región de Valparaíso, entre San Felipe y Llay-Llay, y desde sus años de estudiante tenía claro hacia dónde quería dirigir sus pasos.
“Siempre pensaba en Valparaíso, no en Santiago, para estudiar”, recuerda.
El puerto ejercía una atracción especial sobre ella. También lo hacía la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, institución que observaba desde lejos con el deseo de convertirse algún día en una de sus estudiantes.
Verónica Muñoz: El sueño de estudiar en Valparaíso
“Yo creo que uno siempre en la vida tiene que soñar”, reflexiona Verónica al recordar aquellos años. Su primer gran sueño fue precisamente llegar a Valparaíso para estudiar.
Era una buena estudiante y reconoce que eso resultó fundamental para alcanzar aquella meta. Finalmente pudo trasladarse al puerto e ingresar a la Universidad Católica, específicamente al Instituto de Matemáticas (IMA).
La elección de su profesión tampoco estuvo exenta de opiniones familiares. Sus padres imaginaban para ella otras posibilidades y le preguntaban por qué quería convertirse en profesora.
Pero Verónica tenía claro su camino. “Yo quería ser profe”, recuerda. Con el paso de los años, aquella decisión terminó convirtiéndose en una de las más importantes de su vida.
“Creo que fue la mejor decisión de la vida porque, en verdad, he sido muy feliz, fui muy feliz en esa tarea”. La educación se transformó así en una parte fundamental de su trayectoria. Pero mientras desarrollaba su vocación profesional, nuevos sueños comenzaron a aparecer.
De Valparaíso a un nuevo sueño: conocer Italia
Después de cumplir su primera gran meta y establecerse en Valparaíso, comenzó a imaginar un destino mucho más lejano: Italia.
El deseo finalmente se concretó gracias a las Hijas de María Auxiliadora, quienes la enviaron a Italia para estudiar y capacitarse. Así llegó a Roma, donde encontró mucho más que una experiencia académica.
Durante su estadía comenzó a descubrir pequeños cafés, restaurantes y lugares emblemáticos que llamaron profundamente su atención “Conocí tantos cafecitos y lugares muy emblemáticos, restaurantes tan lindos”, recuerda.
Había algo en aquellos espacios que iba más allá de la gastronomía. Los establecimientos se relacionaban con las flores, los colores, la decoración y una determinada forma de habitar y compartir los espacios.
Y mientras recorría Italia comenzó a nacer otro sueño: “Me encantaría a mí, ya cuando sea un poquito mayor, emprender con un cafecito”, pensaba entonces. La idea quedó guardada durante años.
Una nueva etapa después de 30 años en la educación
El momento de recuperar aquel antiguo sueño llegó después de una extensa trayectoria profesional. Tras cumplir aproximadamente 30 años vinculada al colegio, Verónica comenzó a preguntarse qué vendría después.
“¿Qué va a ser de mi vida ahora?”, recuerda que se preguntaba. Todavía sentía que tenía energías suficientes para continuar desarrollando proyectos y comenzar una nueva etapa. La posibilidad de emprender empezó entonces a adquirir una forma más concreta.
Y en ese camino apareció nuevamente un nombre que ya formaba parte de la historia gastronómica y cultural de Valparaíso: La Colombina. Pero la historia del lugar había comenzado mucho antes de la llegada de Verónica.
Carmen Luz González y los orígenes de La Colombina
Verónica es enfática en reconocer que La Colombina no nació como una creación suya.
El proyecto original fue impulsado por la emprendedora y médica anestesista Carmen Luz González, quien durante la década de 1990 tuvo una visión que con el tiempo adquiriría todavía mayor relevancia en Valparaíso: recuperar antiguas casonas porteñas y relacionar la gastronomía con las artes y la cultura.
Carmen Luz encontró la casa, la compró y desarrolló junto a sus hijas el proyecto de La Colombina durante aquellos años. La propuesta buscaba que una casona de Valparaíso pudiera convertirse en un espacio donde la gastronomía dialogara con otras expresiones culturales.
Sin embargo, llegó un momento en que aquel proyecto dejó de funcionar. La propia Carmen Luz utilizó una expresión que Verónica conserva hasta hoy para explicar aquella etapa: “La Colombina se durmió”.
Pasaron los años, pero la historia del lugar todavía tenía un nuevo capítulo esperando.
El Café República, otro recuerdo que acompañó el sueño
Mientras imaginaba la posibilidad de tener algún día su propio café, Verónica también encontraba inspiración mucho más cerca que Italia.
Uno de esos lugares era el Café República de Playa Ancha, establecimiento que recuerda con especial cariño.
Durante su etapa vinculada a María Auxiliadora acostumbraba trasladarse hasta allí para disfrutar de un café. “Me inspiraba también en el Café República, que me encantaba ahí en Playa Ancha. Yo iba de María Auxiliadora a tomar mi cafecito al Café República”, recuerda.
De esta manera, su futuro proyecto comenzó a construirse a partir de diferentes recuerdos: los cafés y restaurantes de Italia, los colores y las flores que había conocido durante su viaje, la experiencia porteña del Café República y su propia relación de décadas con Valparaíso.
Faltaba encontrar el lugar donde todas esas experiencias pudieran encontrarse. Y ese lugar ya existía.
La Colombina quería despertar
Cuando apareció la posibilidad de asumir La Colombina, Verónica recordó inmediatamente aquel espacio. También encontró una antigua casa porteña que necesitaba cuidados y algunos “toques especiales”.
Fue entonces cuando regresaron las imágenes de Italia: Los colores, las flores, los pequeños cafés. Y aquel antiguo sueño de emprender cuando llegara el momento de iniciar una nueva etapa.
La historia parecía cerrar un círculo. Si alguna vez Carmen Luz González había dicho que “La Colombina se durmió”, ahora existía la posibilidad de despertarla. “Surge La Colombina, que quería renacer, quería despertar”, explica Verónica.
Frente a ella estaba la posibilidad de continuar una historia iniciada décadas atrás, respetando el espíritu de un proyecto que desde sus orígenes había buscado relacionar gastronomía, patrimonio, arte y cultura.
La decisión finalmente estuvo marcada por una frase sencilla:“Tomemos el desafío”.
El renacer de una casa y de un proyecto porteño
La nueva etapa de La Colombina puede entenderse, entonces, como el encuentro de varias historias.
Está la visión original de Carmen Luz González, quien durante los años 90 apostó por recuperar una casona de Valparaíso y convertirla en un proyecto gastronómico relacionado con las artes y la cultura.
Está también la historia de Verónica Muñoz, aquella estudiante del interior que soñaba con llegar a Valparaíso, que eligió convertirse en profesora pese a las dudas de su familia, que dedicó décadas a la educación y que posteriormente viajó hasta Italia.
Y están aquellos pequeños detalles que permanecieron en su memoria: los cafés de Roma, las flores, los colores y las tardes tomando café en Playa Ancha.
Décadas después, todos esos caminos terminaron encontrándose en una antigua casa del cerro Alegre.
La historia de Verónica demuestra también cómo los proyectos pueden construirse lentamente, incluso sin que sus protagonistas sean plenamente conscientes de ello. Primero estuvo el sueño de estudiar en Valparaíso. Después, conocer Italia. Más tarde apareció el deseo de tener un café. Y finalmente llegó la oportunidad de continuar la historia de La Colombina.
Una historia que alguna vez se durmió y que encontró una nueva oportunidad para despertar.







