Vivo en Placilla de Peñuelas desde muy pequeña: me crié bajo extensos bosques, pacíficas zonas y vecinos agradables. Recuerdo los juegos callejeros hasta tarde, los paseos familiares a la laguna en el fin de semana y los cuentos de terror que se contaban en la noche sobre las batallas que ocurrieron en el sector. Con el paso del tiempo, esta localidad de la comuna de Valparaíso se transformó en un lugar donde convive la historia, naturaleza y lo comercial que ha cambiado parte de su identidad.
Memoria histórica de Placilla de Peñuelas

Por años, se ha mantenido vivo el recuerdo de al menos 3.000 fallecidos durante la última guerra civil ocurrida el 28 de agosto de 1891. Según se cuenta, las tropas congresistas derrotaron al ejército del presidente de aquel entonces, José Manuel Balmaceda, finalizando su período e iniciando el Parlamentarismo. Al ser considerado el enfrentamiento definitivo y más sangriento, se han generado diversos relatos sobre avistamientos de soldados y fantasmas que lamentan la pérdida.
Estos casos se mantienen vivos en el Museo Histórico del sector y en lo que se traspasa por generaciones. Aunque el crecimiento demográfico ha visibilizado a Placilla y Curauma, también ha contribuido a que muchas historias se pierdan con el paso del tiempo y la partida de los habitantes iniciales.
Desde mi memoria, muchos “se aparecen” y se dejan oír en las casas y bosques. Hay quienes aseguran haber sentido una presencia ajena en estos sitios, mientras otros lo cuestionan por escapar de su noción de realidad. Al final, creer o no queda en decisión de cada uno.
Paisajes con diversidad y crecimiento urbano



En cuanto a sus entornos naturales, el tranque se vuelve muy recorrido por las ferias emprendedoras en el verano, lo pacífico de las aguas y la posibilidad de alimentar a los peces con un trozo de pan. El camino que lo rodea dirige hacia el famoso Salto del Agua, considerado patrimonio natural por los locales. Mientras que, desde la carretera, se puede ingresar al lago homónimo, una Reserva Nacional con corriente artificial proveniente de lluvias, que ha perdido parte de su ecosistema a causa del mal cuidado y de los incendios.


Según las historias de mis papás, que en el 2002 compraron una vivienda recién terminada de construir, los conejos y ranas llegaban en la tarde a pasear por nuestro patio y los bosques adornaban el fondo del condominio. Durante unos años, todo fue reemplazado por más casas; aunque, actualmente, estas fueron nuevamente convertidas en comercios en una avenida conocida por sus cafeterías y restaurantes.
El desafío del crecimiento demográfico
La zona considera muchos kilómetros de biodiversidad, pero que se ha reducido por el crecimiento demográfico y la tala de árboles nativos e introducidos. Por un lado, este desarrollo ha impulsado la economía y modernización de la comuna, abarcando más empleos, avances en locomociones y nuevos hogares. Aunque, desde otra perspectiva, se han perdido hábitats y especies de flora y fauna. De esta manera, se destaca de forma urgente la necesidad de promover la sostenibilidad sin que el progreso urbano supere la conservación del entorno.
Sin embargo, mantengo mi sector con mucho cariño. A pesar de los casos paranormales que por años no me dejaron dormir, la lejanía del centro de Viña del Mar o Valparaíso, los vecinos amistosos que se fueron y los duraderos tráficos que se ocasionaron por colisiones en la carretera, aquí se abarcan diversas historias que no deben perderse entre las construcciones y el comercio.
Y es que, más allá del cambio, conservar la memoria y entorno de Placilla de Peñuelas es clave para comprender la identidad de los porteños.
