En Valparaíso, hay lugares donde la historia no se lee: se recorre. Uno de ellos es el Cerro Panteón, un espacio que, más que un cementerio, se revela como un verdadero santuario de memoria, arte y ciudad. Allí, entre columnas, mausoleos y vistas que se abren hacia la bahía, se encuentra el Cementerio Nº1, uno de los más antiguos y simbólicos del puerto.
Cementerio Nº1 de Valparaíso
El origen de este lugar se remonta a los primeros años de la República. En 1821, Bernardo O’Higgins firmó aquí un decreto que cambiaría para siempre la relación de la ciudad con la muerte, estableciendo un espacio formal para sepulturas fuera de las iglesias. Pocos años después, en 1825, comenzaría a tomar forma este recinto que hoy muchos describen como una auténtica “ciudad de mármol”.
Caminar por el Cementerio Nº1 es recorrer una galería al aire libre donde la arquitectura neoclásica, con sus columnas dóricas y mausoleos monumentales, convive con historias personales que marcaron el destino de Valparaíso y de Chile. No es casual que este lugar sea considerado uno de los cementerios más importantes del país, tanto por su valor patrimonial como por los personajes que descansan en él.

Así lo relatan Jorge y Ramiro, del equipo de La Hacienda de Doña Juana Ross, quienes han hecho de estos recorridos una forma de conectar la historia con la vida cotidiana del puerto.
“Cuando éramos niños, este nunca fue un lugar de temer, siempre fue un lugar de asombro”, recuerda Jorge.
A lo que Ramiro agrega: “Siempre lo vimos como lo que es: un santuario de arquitectura y memoria que sin duda merece el máximo respeto”.
Personajes históricos


Entre sus pasillos silenciosos descansan figuras clave para la historia local, como Guillermo Brown o Pascual Baburizza, este último recordado por su estrecha relación con el desarrollo económico y cultural de Valparaíso. Su tumba, ubicada en un punto privilegiado del cementerio, cumple —según se cuenta— su último deseo: permanecer en un lugar desde donde pudiera seguir contemplando la ciudad.

Pero el recorrido también conecta con otra historia fundamental para entender el patrimonio porteño: la de Juana Ross de Edwards. En este cementerio se encuentra el primer lugar donde descansaron sus restos, antes de ser trasladados definitivamente a la Catedral de Valparaíso, en el centro de la ciudad. Este dato no solo añade una dimensión íntima al recorrido, sino que permite trazar un vínculo directo entre distintos hitos patrimoniales del puerto.
Visitar el Cerro Panteón es, en definitiva, comprender que Valparaíso no solo se construye en sus cerros habitados, sus ascensores o su puerto, sino también en los espacios donde descansa su memoria. Es un lugar que invita a mirar con respeto, pero también con curiosidad, entendiendo que cada tumba, cada escultura y cada nombre forman parte de una historia mayor.
La historia continúa en La Hacienda



Y tras ese recorrido, la experiencia puede continuar en el Barrio Almendral. A pocas cuadras, La Hacienda de Doña Juana Ross ofrece un espacio donde la historia sigue viva, ahora a través de la gastronomía. Porque en Valparaíso, el pasado no está detenido: se transforma, se cuenta y también se comparte en la mesa.










