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Lisboa en 3 días: recorrido por Alfama, tranvías y miradores

Qué ver y hacer en Lisboa en 3 días: itinerario completo desde Alfama, experiencia gastronómica y dato de acogedor alojamiento con vista

Llegamos a Lisboa con esa mezcla deliciosa de expectativa y cansancio que acompaña a todo viaje largo. Nuestra primera parada en Europa sería aquí, y durante tres noches nos alojamos en un pequeño departamento que parecía sacado de una postal: tres niveles, dos dormitorios y una terraza en la azotea con vistas abiertas al río Tajo y a los tejados de la ciudad.

El departamento ocupaba el tercer, cuarto y quinto piso de un edificio portugués tradicional, en pleno barrio de Alfama, el corazón histórico de Lisboa. No había ascensor —detalle importante—, pero cada escalón valía la pena. Contaba con WiFi y aire acondicionado. Cómodo, auténtico y perfectamente ubicado para recorrer la ciudad a pie.

Lisboa en 3 días

Día 1: Alfama, el barrio que se escucha

El primer día fue para perdernos sin prisa por Alfama. Calles estrechas, ropa colgando de las ventanas, fachadas gastadas por el tiempo y ese aire melancólico que parece llevar el fado en las paredes. Caminamos sin mapa, dejándonos guiar por el sonido de los pasos sobre la piedra y el olor a comida casera que salía de los restaurantes del barrio.

Almorzamos allí mismo: pez espada y sardinas, simples, frescas y perfectamente preparadas. Fue una primera toma de contacto honesta con la gastronomía lisboeta y con un barrio que no necesita adornos para enamorar.

Día 2: Lisboa bajo la lluvia

El segundo día comenzó con una decisión práctica e inteligente: comprar la Lisboa Card, ideal para movernos por la ciudad y acceder a varios atractivos. La jornada arrancó en la Plaza del Comercio, abierta, monumental, mirando al río. Desde ahí subimos al Arco Triunfal de Rua Augusta, una de esas vistas que permiten entender la ciudad de un solo golpe de vista.

Luego vino un paseo por Rua Áurea, bajo una lluvia suave que le daba a Lisboa un tono aún más nostálgico. Tomamos un tranvía, porque en esta ciudad no es solo transporte: es parte de la experiencia. El destino fue el Castillo de San Jorge, desde donde Lisboa se extiende en capas de historia y colores.

El regreso lo hicimos caminando hasta Alfama, bajando lentamente, como si la ciudad se fuera despidiendo. Por la tarde seguimos explorando a pie hasta el Panteón Nacional y la Iglesia de San Vicente de Fora, dos lugares que combinan silencio, grandeza y una profunda carga histórica.

Día 3: Postales y sabores finales

El último día tuvo algo de búsqueda y algo de casualidad. Fuimos al Elevador de Santa Justa, que estaba cerrado, pero incluso así impone. Luego tomamos un tranvía hasta el funicular de Bica, que tampoco estaba funcionando, aunque su famosa pendiente seguía siendo perfecta para fotografías: Lisboa sabe lucirse incluso cuando algo no sale según lo planeado.

La caminata continuó hasta Pink Street, vibrante, colorida y completamente distinta al tono de Alfama. Cerramos el viaje en el Time Out Market, un excelente resumen gastronómico de Portugal. Almorzamos una tabla de jamón serrano, quesos y pasteles de bacalao, sencillos y deliciosos, ideales para despedirnos de la ciudad.

Lisboa fue una primera parada generosa: historia, comida, lluvia, miradores y barrios con alma. Tres noches bastaron para entender que es una ciudad a la que siempre se vuelve, aunque sea en la memoria… o en el próximo viaje.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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