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Copiapó y alrededores: crónica de un viaje gastronómico y cultural por Atacama

Viaje a la Región de Atacama: crónica desde Copiapó al desierto y la montaña. El inicio de un viaje inolvidable por el norte de Chile.

El viaje comenzó con una idea simple y ambiciosa a la vez: cuatro días para recorrer la Región de Atacama desde el desierto a la costa, pasando por la montaña. Un territorio de contrastes, donde el paisaje cambia con cada kilómetro y la historia se mezcla con sabores, silencios y cielos abiertos. Copiapó fue el punto de partida, la antesala perfecta antes de internarnos hacia las alturas.

Copiapó, primera pausa antes de la cordillera

Llegamos a Copiapó con la luz tibia del norte cayendo sobre la ciudad. Nos alojamos en Atacama Suites, un hotel cómodo y luminoso, con una hermosa vista urbana que permite observar cómo la ciudad se recoge al atardecer. Desde las ventanas, Copiapó se siente viva y tranquila a la vez, como si supiera que es un lugar de paso para quienes se preparan para subir a la montaña o cruzar el desierto.

Esa primera noche fue también el primer acercamiento a la gastronomía local. Platos honestos, sabores reconocibles y una identidad marcada por el norte: ingredientes simples, bien trabajados, que hablan de territorio y costumbre. Fue el comienzo ideal para un viaje que prometía mucho más.

Bajo el cerro Bramador: pisco, parras y conversación

A pocos minutos de la ciudad, dejamos el ritmo urbano atrás para llegar a un lugar donde el tiempo parece avanzar más lento. La pisquería Bramador, ubicada bajo el cerro del mismo nombre, nos recibió con la calidez de quienes trabajan la tierra y conocen cada etapa de su proceso. Bajo las parras, una tabla generosa nos esperaba como bienvenida, marcando desde el inicio que aquí la experiencia va más allá del pisco.

Aprendimos sobre la elaboración artesanal del destilado, el origen de las uvas, el uso del agua del valle y la paciencia que requiere cada botella. No fue una charla técnica, sino un relato cercano, contado con orgullo y sencillez. Luego vino la degustación: pisco, productos locales y una mesa que se fue llenando de sabores.

Entre todo lo probado, hubo un favorito indiscutido: una empanada de salchichón de burro con queso de cabra, intensa, sabrosa, profundamente nortina. Un bocado que resume siglos de tradición y adaptación al desierto. Para cerrar, llegaron unas machas a la parmesana, inesperadas y deliciosas, recordándonos que en Atacama la costa nunca está tan lejos como parece.

El inicio de una ruta mayor

Mientras el sol bajaba detrás de las montañas y la conversación se alargaba bajo las parras, quedó claro que este viaje recién comenzaba. Copiapó no era solo un punto en el mapa, sino una puerta de entrada a una región diversa y sorprendente. Desierto, montaña y mar nos esperaban en los días siguientes, pero ya en esta primera jornada Atacama había mostrado una de sus mejores virtudes: la capacidad de recibir al viajero con historia, sabor y humanidad.

Nos fuimos con la sensación de que cuatro días no serían suficientes, pero sí intensos. Y con la certeza de que volveremos. Porque en Atacama, incluso cuando uno se despide, siempre queda la promesa de un próximo encuentro.
Nos vemos pronto.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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