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Los cafés no cierran en París

De Valparaíso a París: El gusto de visitar una ciudad que rinde tributo al pasado, pero no deja proyectarse al futuro

Necesitaba regresar a París. Sumergirme en el ritmo de una ciudad que no duerme y sueña al mismo tiempo. Una ciudad que funciona y encanta, donde puedes pasar tu vida sin dejar de sorprenderte con detalles, esquinas, platos, personas, bares e historias. Una ciudad planificada, pero espontánea al mismo tiempo.

El placer de volver a París

En mi tercera visita ya no quería girar en torno a al check list de lugares por visitar, aunque fuera tras ellos una y otra vez. Esta vez quería ver más Las Tulerías o Los Campos Elíseos que la Pirámide del Louvre o el Arco del Triunfo. 

Quería descubrir ciertos clichés literarios o cinematográficos, pero sin buscarlos tan explícitamente. En un mundo digital repleto de “lugares imperdibles”, “cafés instagrameables” o “actividades gratuitas para realizar” quería simplemente bajar al café de la esquina, comer el menú del día o caminar en este escenario onírico que no deja de funcionar.

De Valparaíso a París

Vengo de una ciudad onírica, pero donde la magia quedó enclavada entre ruinas y ecos de un pasado glorioso que probablemente no volverán. De una escala más pequeña, pero no menos loca y ambiciosa, Valparaíso vio cómo esa pujanza se esfumó entre las manos y sus cerros a principios del siglo XX.

En cambio París no ha dejado de crecer, sin perder ese encanto de finales del siglos XIX y principios del XX, la ciudad bulle energía, creatividad, encanto y majestuosidad en cada esquina. 

Es una ciudad que como Valparaíso te seduce fotográficamente, pero a diferencia del puerto, el paisaje urbano de París está marcado por las obras del hombre más que la geografía, más por las historias que por las circunstancias del entorno.

París es modernidad, occidente y un sueño de progreso que se diluye entrado el siglo XXI, pero que aquí sigue encantando y dando esperanza de que es posible crear una ciudad amable, racional y al mismo tiempo apasionada.

Necesitaba venir a París, donde los cafés no cierran y el sentido de occidente palpita entre la humanidad, el arte, la arquitectura y el encanto de la vida cotidiana. 

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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