Uno de mis momentos favoritos en los viajes es al subir al avión, ver cómo la superficie se aleja y disfrutar de esa sensación de estar iniciando una nueva aventura. Entonces vuelvo a leer sobre el destino al que me dirijo y casi inmediatamente me dan ganas de escribir sobre la sensación de viajar. Así cuando tomamos el vuelo a París el 28 de enero del 2025, escribí estas líneas sobre los inicios de Apuntes y Viajes.
Un poco de la historia tras Apuntes y Viajes
Viajar

A Valparaíso llegué mochileando en 1997, con el diario La Nación bajo el brazo, camisa leñadora, jeans rotos y un cupo para estudiar periodismo en la Universidad Católica de Valparaíso.
Ese y todos los veranos siguientes mientras estudié, cargaba mi mochila con una carpa, saco de dormir, una cocinilla y algo de ropa, para partir a recorrer Chile a dedo. Así conocí desde el Valle Elqui hasta Quellón con un presupuesto mínimo y la riqueza humana de todas las personas que nos llevaron a dedo, nos dieron alojamiento o nos alimentaron.
En esos viajes siempre cargué con un cuaderno donde iba tomando notas de mis aventuras, más una cámara fotográfica para registrar los paisajes y las personas que nos fuéramos encontrando en la ruta. Así llegué a Valparaíso desde Punta Arenas.
En mi adolescencia, viajar era una ventana que me liberaba de las rutinas y las obligaciones y me permitía trazar mi propia aventura, sin que importara el dinero. Mi primer viaje a dedo fue a los 16 años. Mi última aventura en esa modalidad fue a los 25. Luego continuaría viajando, pero de una manera distinta, menos ajustada económicamente y a lugares mucho más lejanos.
Escribir

En mi trayectoria como periodista, siempre me ha llamado la atención el formato de la crónica, donde el periodista puede liberarse del peso de la actualidad y aproximarse a códigos narrativos más propios de la literatura.
En la universidad me devoraba los libros del llamado realismo mágico, alucinaba con Cortázar, Sábato e inicialmente García Márquez. Luego derivé fascinado hacia las crónicas desenfadas de Bukowski o los relatos viajeros de Kerouac. Libros que no me pedían leer en clases, pero que nosotros sumábamos a las adquisiciones de la pequeña pero nutrida biblioteca de la Escuela de Periodismo, ubicada en esa vieja mansión del barrio Miraflores de la que hicimos nuestro hogar mientras estudiábamos, jugábamos ping-pong o bebíamos cerveza en un rincón del jardín.
Ahí también conocí la obra de Velázquez, la fotografía de Cartier Breson, Sergio Larraín y Antonio Quintana; a quienes sentí como fuente inspiración para luego salir a tomar mis propias fotografías con la cámara Yashica que me regalara mi padre allá por 1998, cuando todavía no teníamos celulares, leíamos libros en papel y navegábamos por internet con Yahoo o Altavista desde aparatosos computadores.
Esas primeras fotografías fueron por Valparaíso, de la mano de las salidas a terreno organizadas por el profesor Nelson Muñoz. Entonces llegó el momento de alucinar con la ciudad y ese increíble escenario de cerros, quebradas, casas, bares y caletas estimulando la mirada y la imaginación.
A fines del siglo XX me lance por las calles del puerto a hacer fotografías que se acumulaban en tiras de negativos que no alcanzaba a ampliar por la falta de dinero. Mientras tanto organizábamos ciclos de cine a los que asistíamos sólo nosotros más algunas “revistas” que fotocopiábamos y distribuíamos entre nuestras amistades: Atentado Terrorista, Aldea Local, Nausea o El Perjurio fueron algunas de las marcas que surgieron en ese proceso.
Y también Pasajero de Micro, una pequeña “revista” fotocopiada donde publicaba mis fotografías, reflexiones políticas, crónicas e incluso poesía de mi autoría. En el trayecto en micro desde Bellavista en Valparaíso y Miraflores en Viña del Mar juntaba fuerzas de flaqueza, repartía los ejemplares y luego pasaba en busca de alguna retribución, con lo que costeaba el pasaje escolar y me quedaba con dinero para un pan batido, mortadela lisa y alguna cerveza si es que nos reuníamos con los amigos.
Crear para Apuntes y Viajes

Mi inserción laboral me hizo dejar de lado el “hobby” de escribir y tomar fotografías. Hasta que navegando por internet llegué a los primeros sitios de redes sociales, especialmente una que me motivó para retomar la fotografía desde las cámaras digitales. Se trataba de Flickr un sitio donde podía publicar, categorizar y compartir fotografías. ¡Me encantó! Ya no necesitaba ampliar, diseñar, imprimir y fotocopiar para poder compartir mis fotografías.
De a poco volví a las calles de Valparaíso para hacer registros fotográficos, pero además incorporé estos registros a mis primeros viajes al extranjero. De a poco fui sumando más imágenes, hasta que en el 2012 me animé y creé un blog para publicar crónicas de viajes más mis fotografías. Así nació Apuntes y Viajes.
A medida que pasaron los años, la capacidad de los teléfonos móviles para tomar fotografías y videos de calidad fue mejorando cada vez más. Con esta tecnología en el bolsillo, cada vez fui tomando más fotos, hasta que el celular desplazó a la cámara y sumé nuevas vías de distribución para mis contenidos: Twitter, Facebook e Instagram me permitieron formar una comunidad en torno a mis publicaciones hasta el punto que, llegado el momento, decidí dejar mi trabajo para dedicarme de lleno a mi plataforma.
El 2020 en plena pandemia llegué hasta otra plataforma que ahora democratizaba la posibilidad de editar y distribuir videos: TikTok. Tímidamente comencé a experimentar hasta encontrar mi propio estilo de registro y crónica audiovisual, que se sumo a las fotografías y las crónicas escritas.
A partí de ahí la comunidad creció de manera exponencial y Apuntes y Viajes se transformó en mi principal fuente de ingresos. El contenido de Valparaíso se multiplicó y paulatinamente se fueron sumando otros destinos de viaje, tanto dentro como fuera de Chile.
Hoy sólo trabajo con mi celular, un Ipad y un computador; a través de estas tecnologías creo contenidos en dispersos formatos que luego distribuyo por las plataformas digitales. ¡Es una locura! Ni en mis más positivos sueños de adolescente hubiese imaginado crear contenido por un teléfono y poseer un medio de comunicación que cabe en mi bolsillo.
Las posibilidades de creación son infinitas, como en el mochileo de mi adolescencia, lo más importante son las ganas y la metodología para emprender el camino y seguir adelante con este sueño bautizado como Apuntes y Viajes.
