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Viaje a Coyhaique en tiempos de Covid

Viaje a Coyhaique en tiempos de Covid: Así fue mi aventura para llegar a la Región de Aysen desde Valparaíso

A fines de noviembre me escribió Ángeles de Cabañas Dussen para invitarme a conocer Coyhaique. Acepté casi de inmediato. Esta era una de las pocas regiones de Chile que me queda por visitar. Así surgió mi aventura a Coyhaique en tiempos de Covid.

Digo aventura, porque viajar en esta época de incertidumbre es toda una odisea. Ya me habían cancelado dos vuelos al extranjero cuando decidí cambiar los pasajes para Coyhaique. En aquel momento Valparaíso (donde vivo y pasé la mayor parte de la cuarentena) ya estaba en fase de preparación y Coyhaique también. En esta etapa ambas ciudades podían realizar viajes entre sí.

Cuando escribo esto no dejo de sentir que parece sacado de una novela de ciencia ficción.

Viajar en tiempos de Covid

Aysen es una de los pocas regiones de Chile que exige el examen del PCR para poder ingresar en ella. Casi una semana antes de viajar tuve que ir al doctor para que me diera una orden para hacerme el famoso examen.

Tres días antes de viajar me presenté en el centro de salud Barón y me sometí al susodicho examen. Tal como me advirtió el doctor, el procedimiento era molesto, pero no doloroso, aunque te hace llorar. Este consiste en que te meten una sonda por la nariz para extraer mucosa para el análisis, es muy desagradable y de pronto sientes cómo te saltan las lágrimas. 

Dos días después llegó mi resultado negativo, saqué mi pasaporte sanitario (un documento que tienen una vigencia de 24 horas y que certifica de qué punto partes y a qué punto llegas del país) y partí.

No hay Uber a las 5 de la mañana

Para poder llegar al aeropuerto desde Valparaíso tres horas antes del vuelo, como decían las instrucciones, debía tomar el bus que salía de la ciudad a las 6 de la mañana. 

Esto ya lo había hecho otras veces, por lo que no me hice problema; hasta que a las 05:30 Uber me informó que no había “socios conductores disponibles”, lo mismo Didi.

Tomé mi maleta y partí corriendo hasta la Plaza Conquista. Eran las 05:40 de la mañana y no había nadie más en la calle que yo. 05:45 y la plataforma seguía diciendo que no había vehículos disponibles. 05.48 y ya estaba dando por perdido mi bus al aeropuerto… Cuando aparece un colectivo. ¡No podía creerlo!

Me subí y partió raudo por avenida Matta, subió por el cerro Barón y me dejó a las 05:53 en el terminal de buses. Lo había logrado. 

A las 07:30 ya estaba desayunando en el aeropuerto. De ahí en adelante todo fue bien. Sólo los tiempos se extendieron mucho al llegar a Coyhaique.

Volar otra vez

Cerca de las 11:00 ya estaba arriba del avión y al medio día ya veía como Santiago se achicaba mientras cogíamos altura. 

El viaje fue un regalo de paisajes hermosos. El cielo despejado me permitió disfrutar de unas vistas extraordinarias a la cordillera de los Andes, volcanes y lagos.

Ya en Balmaceda, el proceso de ingreso duró algo más de una hora. Varias veces debí mostrar mi carné, el pasaporte sanitario y el examen negativo del Covid 19.

Al lograr salir del aeropuerto al fin sentí ese aire fresco de la Patagonia en el rostro. De inmediato recordé mi natal Punta Arenas. Ya eran las tres de la tarde cuando el transfer partió desde Balmaceda a Coyhaique.

El camino a Coyhaique es simplemente maravilloso. Cerros verdes se alternan con ríos, algunas lagunas y la cordillera que aparece nevada como un fondo majestuoso.

Lamentablemente el chofer olvidó dejarme  en el lugar al que iba, por lo que estuve cerca de 40 minutos vueltas por Coyhaique. Hasta en último instante llegar a destino había sido un desafío. Luego del tour espontáneo por la ciudad llegamos a Cabañas Dussen, donde Ángeles me estaba esperando con una gran sonrisa. Había llegado a destino.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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