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Recorriendo las islas de la Bahía de Halong

Un viaje por las islas de la Bahía de Halong, Vietnam.

Hoy nos despertamos a las siete de la mañana. Al igual que el día anterior el clima estaba muy frío. Nos duchamos con un hilo de agua caliente, nos vestimos por capas (yo me puse dos poleras, un polerón y dos corta vientos más dos pantalones) y abrimos las cortinas de nuestro cuarto. Afuera flameaba orgullosa la bandera de Vietnam y a lo lejos se alzaban las islas de la bahía de Halong.

Desayunamos huevos fritos con pan de molde, como la mayoría de los días, y tomamos muchas tazas de té para capear el frío.

Tras el desayuno visitamos una granja de perlas, ubicada en plena bahía de Halong. Ahí nos mostraron el proceso de cultivo y luego nos llevaron a una tienda donde tenían aros, collares y otros productos elaborados con el precioso material.

Islas de la Bahía de Halong

A eso de las nueve y media de la mañana nos vino a buscar otra embarcación. Nos despedimos de nuestros compañeros de viaje y partimos con rumbo desconocido. Según nuestro itinerario deberíamos haber seguido a el Parque Nacional de Catba, pero en vez de eso enfilamos hacia un pueblo ubicado dentro de la misma isla, llamado Viet Hai.

Desembarcamos en una pequeña caleta, montamos una bicicletas y nos internamos dentro de las montañas por un pequeño sendero de asfalto que primero bordeó la entrada de mar y luego se sumergía en el bosque, pasando incluso por un túnel. Tras veinte minutos de pedaleo llegamos hasta la aldea de Viet Hai, una pequeña comunidad rural con no más de 300 habitantes, enclavada en medio de enormes montañas y rodeada de plantaciones de arroz. El paisaje era sobrecogedor. Por la calle del pueblo vimos algunos niños, perros pequeños y gallinas. Las banderas de Vietnam flameaban en cada esquina y todavía colgaban los carteles que celebraban el año nuevo chino.

Isla Nam Cat

Islas de la Bahía de Halong

De regreso a la embarcación almorzamos una buena cantidad de comida vietnamita acompañada por cerveza Ha Noi. El barco siguió avanzando por el archipiélago en torno a Cat Ba, hasta que llegamos a una pequeña playa con cabañas de madera. ¡Eran los famosos bungalow! Desembarcamos, caminamos por un largo puente y llegamos a las cabañas. Desde la habitación se veía el pináculo de una isla y el mar color turquesa. Nos tendimos en la cama y nos quedamos dormidos. Cuando desperté el paisaje de ensueño seguía en la ventana, Macarena aún dormía y yo me puse a escribir estás líneas.

Por Hernán Castro Dávila

El amor por los viajes, la escritura, la fotografía y la comunicación me ha impulsado a forjar mi propio camino dentro del periodismo. Creo en nuestra capacidad de expresión como ciudadanos del siglo XXI. Yo la practico desde mi blog, las redes sociales y la educación. Si queremos que este mundo cambie, debemos comenzar por nosotros mismos.

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